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Carbón bajo el mar

Instalaciones de la antigua Real Compañía Asturiana
 de Minas en Arnao (Castrillón, Asturias)

En la película Jandro (Julio Coll, 1964) una familia de mineros asturianos, los Ordieres, está convencida de que bajo el mar hay carbón de primera calidad. No es ningún invento ni fantasía; de hecho en la antigua mina de carbón de Arnao, propiedad de la Real Compañía Asturiana de Minas y en explotación desde 1834 a 1915, todavía se puede ver la galería donde las capas carboníferas se adentran bajo el mar.
Me he acordado de esta película leyendo Todo aquello que una tarde murió con las bicicletas (2013), espléndida novela, de fondo autobiográfico, de la escritora mallorquina Llucia Ramis. En el libro, Ramis cuenta la historia de varios miembros de su familia materna de origen belga -los Nagelmacker, en la ficción-, ligada a la citada compañía minera -en la novela Real Compañía Transmontana de Minas, primero, y Transmontana de Zinc, después-  a lo largo de más de un siglo. Arnao es aquí  Arrero: "Las minas de Arrero estaban construidas bajo el Cantábrico, y a principios de siglo se detectaron las primeras filtraciones de agua que ponían en peligro el negocio, las instalaciones y la vida de los trabajadores, por este orden de importancia según los empresarios."
Uno de sus antepasados, Jules Nagelmacker, paseando un día a caballo por senderos de la costa, pierde el equilibrio, cae y se da de bruces contra una piedra. Ingeniero de profesión, posee suficientes nociones de geología como para saber que la piedra sobre la que ha caído es blenda acaramelada; es decir, sulfuro de zinc. Por su cabeza pasa la idea de hacer una fundición; lo que, una vez construida, cambiará el rumbo de la empresa, y de su vida.

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