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Mostrando entradas de noviembre, 2013

El pequeño dragón

El dragón se avistó el 13 de mayo de 1572. Silbaba como una serpiente. Había estado escondido en la pequeña finca del Maestro Petronio, cerca de Dosius, en un lugar llamado Malonolta. A las cinco de la tarde lo atrapó en un sendero público un boyero llamado Baptista de Camaldulus, cerca del seto de una granja particular, a un kilómetro y medio de los remotos alrededores de la ciudad de Bolonia. Baptista llevaba su carro de bueyes de vuelta a casa cuando advirtió que los animales se detenían bruscamente. Les dio unos puntapiés y les ordenó a gritos que siguieran andando, pero los bueyes se negaban a moverse y, más que avanzar, lo que hicieron fue hincarse de rodillas. En ese momento, el boyero percibió un sonido semejante a un silbido y se quedó boquiabierto al ver ante él al pequeño y extraño dragón. Con mano temblorosa lo golpeó en la cabeza con la vara y lo mató.

(Ulisse Aldrovandi, Serpentum et draconum historiae, Bolonia, 1640. Citado por Philipp Blom en El coleccionista apasiona…

Sterne

Ilustración de Rowlandson para el A Sentimental Journey Through France and Italy, by Mr. Yorick
(Thomas Tegg, Londres, 1809) 

Anteayer, 24 de noviembre, se cumplieron trescientos años del nacimiento del escritor Laurence Sterne. Su nombre se halla asociado a dos obras capitales, Tristam Shandy y Viaje sentimental, ambas radicalmente innovadoras en el momento de su publicación. La primera es una novela excepcional tanto por su contenido como por su forma; la segunda es un delicioso relato con todo el encanto del siglo XVIII, por el que siento una debilidad especial. No me canso de leerla y siempre me sorprende con algo nuevo. Además, es de las pocas obras de las que tengo varias ediciones, en varios idiomas.
Sterne también escribió una brevíma autobiografía, titulada Memoirs of the Life and Familiy of the Late Rev. Mr. Laurence Sterne, Written by Himself, que suele venir, a modo de introducción, en algunos ediciones de sus obras. Son solo unas ocho o nueve páginas que Sterne quiso deja…

Identidades

Nací en Alejandría, Egipto. Pero no soy egipcio. Nací en el seno de una familia turca, pero no soy turco. Me enviaron a escuelas británicas en Egipto, pero no soy británico. En mi familia se hicieron ciudadanos italianos y aprendí a hablar italiano, pero mi lengua materna es el francés. Durante los años de mi niñez viví bajo la noción equivocada de que era un chico francés (...) pero no tengo ni una pizca de francés.
Soy africano de nacimiento, todos en mi familia son de Asia Menor, y vivo en Estados Unidos. Y sin embargo, aunque he vivido en Europa no más de tres años, me considero profunda e indeleblemente  europeo, de la misma manera que continúo siendo profunda e indeleblemente judío, aunque no tengo fe en Dios, no conozco un solo ritual judío, y he ido a más iglesias en un año que a sinagogas en una década. A diferencia de mis antepasados los marranos, que eran judíos que proclamaban ser cristianos, me gusta ser un judío entre cristianos, en la medida que puedo pasar for un cris…

El guardián del tesoro

La cabeza de Jim Dexter rodó por entre el oro, mientras las mismas manos feroces caían sobre sus compinches, antes de que éstos reaccionaran. Uno logró disparar y herir al enemigo monstruoso, pero eso no hizo sino enfurecerle más y el destrozo humano fue terrible.
Los cuerpos volaron por los aires, despedazados brutalmente, en medio de una lluvia de sangre. Olivia De Winter, desparvorida, con el inconsciente Ronnie tendido sobre sus piernas, la cabeza encima de su regazo, se limitaba a mirar con ojos de horror toda aquella carnicería y, sobre todo, a su monstruoso autor, agigantado por las sombras y las luces de aquel recinto de pesadilla que era ahora la cámara del tesoro.
Tras la masacre, el monstruo se volvió hacia ellos, emitiendo un berrido atroz. La contempló con ojos estrechos, inyectados en sangre, y avanzó pesadamente hacia ella y hacia el desvanecido Ronnie, dispuesto a continuar la matanza.

(Donald Curtis, Tesoro sangriento. Editorial Astri, Colección Piratas, 2003)

Nuevo libro

Cuarenta y nueve diablos "superiores y mandamases", cincuenta y siete "intermedios y de oficios" y sesenta y seis "menores y del montón" constituyen este fabuloso y divertido repertorio de las huestes infernales que, con tanta erudición como humor, nos ofrece Jorge Ordaz continuando así una tradición presente a lo largo de la historia de las letras hispánicas.
Temibles unos, inofensivos otros, influyentes e irrelevantes, malhumorados y divertidos, eficientes e ineptos..., de variada condición y procedencia, la saga diabólica que el lector tiene en sus manos encarna y representa el no menos variado repertorio de nuestras propias virtudes y debilidades.

(Texto de la contracubierta de Diabolicón, Ediciones Trea, 2013).

Tifón

Filipinas ha vuelto a ser azotada por un  tifón. El paso del "Haiyan" ha dejado un rastro de caos y devastación. En Filipinas a los ciclones se les llana báguios y, por desgracia, hace siglos que saben de sus efectos devastadores.
En Las Islas Filipinas en 1882. Estudios históricos, geográficos, estadísticos y descriptivos (Madrid, 1883), de D. Francisco Javier de Moya y Jiménez, se destaca este tipo de calamidad que con frecuencia sufre el archipiélago (además de erupciones volcánicas, terremotos, tsunamis, inundaciones...):
"En este mes (noviembre) y en el de junio, con motivo del cambio del monzón, se suelen presentar los horrorosos huracanes llamados báguios, durante los cuales el viento, totalmente desencadenado, recorre con increíble velocidad todos los cuadrantes, formando esas terribles turbonadas que devastan los campos, cierran los caminos, arrrancan de raiz los árboles más corpulentos, derriban las casas y arrojan las embarcaciones sobre las playas entre el …

Un poema de Harry Brown

HART CRANE

Las algas adornan mi cabeza hundida, el tiburón mi corazón
      suicida tiene.
   Y el mar azul sureño succiona en mi garganta muda.
Una vez, hace tiempo, mi frente sintió el laurel, mi lengua era fuego;
Ahora el tiburón gris, un ladrón, roba lo que el marinero buscó.
Yo, un americano, no yace junto a edificios blancos y aterradores:
¡Ved! cómo las anchas puertas de mi tumba se abren en muchos puertos.

(Harry Brown, The Beast In His Hunger, 1949)

Harry Brown

Harry Brown (1917-1986)
Descubrí a Harry Brown a través del cine. La película Un paseo bajo el sol (A Walk in the Sun, 1945), dirigida por Lewis Milestone y protagonizada por Dana Andrews, tiene un guíon de Robert Rossen basado en la novela homónima de Harry Brown. La película, a mi entender una de las mejores que se rodaron sobre la II Guerra Mundial, narra las vivencias de un pelotón de infantería durante la invasión de Italia, y refleja perfectamente el carácter crudo y realista de la novela de Brown, publicada dos años antes. Nacido en Portland, Maine, Harry Brown estudió en Harvard y sin llegar a terminar los estudios se trasladó a Nueva York, donde entró en las redacciones de las revistas Time y The New Yorker. Al comienzo de la guerra se alistó en el ejército y fue colaborador de la revista Yank. Aunque escribió novelas y obras de teatro, sus inicios literarios lo fueron como poeta. Se dio a conocer con The Poem of Bunker Hill (1941), un largo poema narrativo de aliento épico, …

Como en TV

De súbito, se oyó un tremendo rugido. Keefe giró en redondo. Ya tenía en la mano una navaja automática, cuya hoja, de quince centímetros, buscó venenosamente el bajo vientre de Blunt.
Pero el objetivo ya no estaba en el sitio donde Keefe esperaba alcanzarlo. Blunt había saltado hacia su derecha y, antes de que el hampón pudiera recobrarse, le arréo un tremendo puntapié en el costado izquierdo, haciéndole rodar por el suelo.
Keefe gruñó. El arma se escapó de sus manos. Blunt se inclinó, la plegó y se la guardó en un bolsillo. Keefe se sentaba en aquel instante y lo dejó sin sentido de un puntapié en la mandíbula.
  -Parece que esté viendo una película en la televisión- comentó Phyllis.

(Clark Carrados, El muerto estorba, Ediciones B, Colección Punto Rojo, 1994)

Lenguas como palas

"La lengua de un hombre se convierte a veces en la pala que cava su propia tumba".

(Randolph Scott en La calle sin ley, 1955, de Andre de Toth. Guion de Kenneth Gamet y Brad Ward)