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Mostrando entradas de mayo, 2012

Manera de impresionar

Una modelo en una fiesta: "Hola, Pete. ¿Qué puedo hacer para causar impresión?" 
Victor Mature: "Marcharte".

(Vida fácil, 1949, de Jacques Tourneur. Guión de Charles Schnee)

Aviso a bebedores

¿A quién se dirá ay de ti? ¿al padre de quién se dirá ay de ti? ¿para quién serán las disensiones y pendencias? ¿para quién las precipicios y temibles caídas? ¿para quién las heridas sin motivo? ¿para quién la rubicundez y torpe obscuridad de los ojos? sino para los que pasan el tiempo en beber vino, y no tienen otro gusto que vaciar botellas.

(Erasto, o el amigo de la juventud. Lecciones familiares, en las que se dan a los jóvenes de ambos sexos ideas competentes sobre la mayor parte de los conocimientos humanos. Traducida del original francés por D. F. R. L. Madrid, Imprenta de D. Blas Román, 1797)

Perros y gatos

Charles Dickens fotografiado  con uno de sus perros

A Dickens le gustaban mucho los perros. Según su amigo y biógrafo John Forster "el interés de Dickens por los perros era inagotable". Le gustaban sobre todo grandes, aunque no rechazaba los pequeños, como el pomerania de su hija Mamie. En 2101 hubo en la casa Bonham de Nueva York una subasta en la que salió un collar que había pertenecido a uno de los perros de Dickens. Un amante de los perros o de Dickens (o de los dos) lo adquirió por la nada desdeñable cifra de $11.599.

Los gatos le gustaban menos. En sus casas de Londres estaban prohibidos, porque temía que se zampasen sus pájaros; pero cuando en 1860 comenzó a residir en Gad's Hill, y dado que había espacio suficiente para ambas mascotas, no tuvo reparos en tener algunos.
En sus novelas salen perros con frecuencia. Mi preferido es el fiel mastín "Bullseye", de Bill Sikes, en Oliver Twist. Cuando ve que su amo, en su huída después de matar a Nancy, muere a…

Un poema de Olson

LOS MARTÍN-PESCADORES
(fragmento)

No soy griego, no he tenido esta ventaja.
Y, desde luego, tampoco romano:
ël no podría tomar ningún riesgo que importe,
el riesgo de la belleza menos que ninguno.

Pero tengo mi parentesco, si no por otra razón que
(como él dijo, próximo al parentesco) haberme comprometido, y,
dada mi libertad, sería un canalla
si no lo hubiera hecho. Esta es la pura verdad.

Funciona de esta manera, a pesar de la desventaja.
Ofrezco, por explicación, una cita:
si j'ai du gout, ce n'est guères
que pour la terre et les pierres.

A pesar de la discrepancia (un océano  coraje  edad)
esto también es cierto: si tengo gusto
es solo porque estoy interesado
en lo que fue asesinado al sol.

           Les planteo su pregunta:

¿destaparían la miel / donde hay larvas de mosca?

           Cazo entre piedras

(De "The Kingfishers", en The Collected Poems, de Charles Olson, Berkeley, 1987. Trad. J. O.) 

Charles Olson

Charles Olson (1910-1970)
Charles Olson es uno de los poetas más importantes que surgieron en Estados Unidos tras la Segunda Guerra Mundial. Nacido en Nueva Inglaterra, estudió en la Wesleyan University, donde se doctoró con una tesis sobre Herman Melville. Perteneció a la llamada escuela de Black Mountain, de cuyo College llegó a ser rector. Su propuesta experimental y del "verso proyectivo" influyó en las generaciones poéticas posteriores. En 1950 comenzó a escribir la que se considera su obra cumbre: un largo poema, The Maximus Poems, en la línea de los Cantos de Ezra Pound o Paterson de William Carlos Williams, que quedó inconcluso a su muerte.
Interesado por las lenguas indoeuropeas, la geología y la cultura maya, en Maximus IV, Olson introduce la deriva de los continentes. Vislumbrada por el geólogo norteamericano Frank B. Taylor unos pocos años antes de que Alfred Wegener estableciara su propia hipótesis, el colosal movimiento cortical del planeta le sirve a Olson com…

¿Oro multicolor?

Victor Jory a Sterling Hayden: "Veo que desconoce la geología del Gran Cañón. En sus estratos hay oro de todos los colores."

(Flaming Feather, 1952, de Ray Enright. Guión de Gerald Drayson Adams y Frank Gruber)

Un francés en Londres

En Quince días en Londres un caballero francés nos cuenta sus impresiones de una visita a la capital del Reino Unido a finales de 1815. La obra fue traducida anónimamente al castellano y publicada en Barcelona en 1818. Por sus páginas vemos cómo el viajero frecuenta cafés y chop-houses; pasea por parques y jardines; asiste a una función de teatro en Covent Garden; comprueba que el denso y negro humo que emana de la combustión del carbón de piedra, "os obliga a enjabonarse cara y manos como cinco o seis veces al día"; constata el abuso que hacen los londinenses de la palabra comfortable; se aburre en domingo... En fin, lo normal.
Pero hete ahí que un día es convidado a tomar el té en casa de un conocido. Sale pues el francés de la fonda imperial de San Petersburgo, donde se hospeda, y entra en la calle Cheapside. Allí le salen al paso tres muchachas. Una de ellas "me dijo que mi traza era de tener frío, y me ofreció con mucha cortesía, ir a calentarme con ellas en su ha…

Milagrosas espinas

Grabado que representa la parte anterior del corazón
 de Santa Teresa, con sus espinas.
(Del libro del P. Nemesio Cardellach)
Entre las reliquias de Santa Teresa hay una que, durante mucho tiempo, se tuvo por una de las más insólitas pruebas de su santidad: las espinas de su corazón. Mi amigo Josep Mª Sans me facilita al respecto un libro raro y curiosísimo: Santa Teresa de Jesús y las espinas de su corazón, de N. C. y B., Valencia, Establecimiento de José Martí, 1876. Se trata de un libro alucinante, en el que su autor, el presbítero de la Congregación de la Misión P. Nemesio Cardellach y Busquets, dedica todos su esfuerzos a analizar y describir pormenorizadamente dichas espinas y otros peculiares rasgos del momificado corazón transverberado de la santa, que se conserva en una urna de cristal en el convento de las carmelitas descalzas de Alba de Tormes.
Tal y como se puede observar en el grabado adjunto, las supuestas espinas aparecen a modo de excrecencias puntiagudas, de dos a tr…

Un relato de Ana Vega

LA CAMA

La cama estaba a medio hacer. Ella dibujaba su silueta mientras permanecçia tendida en el suelo. Su cazadora estaba allí, junto a ella, y sus zapatos y su camisa. Ella permanecia en el sitio exacto del suelo en el que aterrizó al caerse de la cama. Ni siquiera intentó levantarse, realizar movimiento alguno; allí quieta, con su camiseta estirada por el uso y las piernas frías por el contacto con el mármol. Seguía dibujando su silueta perdida en el suelo, a su lado, su cabello ondulado parecía invadir ese espacio que él debería ocupar, que ella dibujaba para retenerlo. la ventana seguía abierta. Llevaba horas ahí, en la misma postura helada. Cada vez que cerraba los ojos lo escuchaba de nuevo: el sonido de un cuerpo que se estrella contra el asfalto. Cuando cayó de la cama comprobó que la pesadilla se había hecho realidad. Ya no volvió a moverse.

(De Llanquihue, de Ana Vega. Huerga & Fierro editores, Madrid, 2012)

March

William March (1893-1954)

EL SOLDADO MARTIN DAILEY

Me desperté en un tren hospital. Me escocían los ojos, tenía el pecho dolorido y punzadas en las piernas. Desde donde estaba acostado, iba vislumbrando el campo francés, repleto de amapolas y plantas de mostaza en flor. Oí un murmullo de voces y el ruido metálico de unos motores cuando hicimos una parada de algunos minutos en una estación por el camino. Me recosté y volví a cerrar los ojos. El vagón apestaba a desinfectante y sangre seca, y a ese olor que se desprende al enjaular a muchos hombres juntos.
Encima de mí un tipo hablaba sin parar de Nebraska. Su cabeza, que asomaba por encima de la litera, tenía un color blanco grisáceo y sus uñas habían cobrado un color azulado. Hablaba en voz queda y lenta. Tenía muchas ganas de hablar porque sabía que iba a morir antes de llegar al hospital. Pero no había nadie que le escuchara. Estábamos allí tumbados, casi en silencio, pensando en nuestras desgracias, como carneros recién castrados,…