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Mostrando entradas de enero, 2015

Consejo para los tiempos que corren

Gastar cuando sea menester, y ahorrar, o Estrechar los gastos, en los demás tiempos.

(Antoni Fiter i Rossell, Manual Digest. de las Valls neutras de Andorra, 1748. Trad. J.O.)

Un poema de Labra

Nunca sabrás lo que te quise.

Nunca sabré lo que me odiaste.

Nuestro destino fue no saber nada,

salvo que las cenizas digan lo contrario.


(Ricardo Labra, Hernán Cortés nº 10. Ediciones Trea, 2014)

Josep Pla: días de enero de 1956

Sabemos ahora por su diario, recogido en La vida lenta. Notas para tres diarios (1956, 1957, 1964) (Editorial Destino, 2014), lo que Josep Pla hacía, por ejemplo, en enero de hace cincuenta y nueve años. Se acuesta tarde se levanta tarde.Trabaja en dos obras a la vez, Viatge a Catalunya y Barcelona y escribe los artículos semanales para Destino. Por las noches, en la cama, lee el Diccionario filosófico de Voltaire, la Vida de Johnson de Boswell, el Bismarck de Banville, y revistas como New Yorker, Il Borghese o Le Figaro Littéraire.
Invierno duro. Fuera sopla la tramontana y dentro, en el mas de Llofriu, hace un frío glacial (10º en la sala). La muerte de su viejo amigo Manuel Brunet le afecta. Baja a Barcelona en una ocasión, se ve con el editor Vergés y con Vicens Vives. La situación política le asquea ("El peor mal que ha hecho Franco es haber instaurado y fomentado, para mantenerse, la inmoralidad en España").
Las cenas suele hacerlas en Palafrugell, en el restaurante C…

Sabiéndose muerto

Cuando  Larry Baxter entreabrió los ojos le parecía que había trancurrido toda una eternidad. Los cerró al instante. Dominado por el dolor. Tenía dificultades al respirar.

    Un lacerante dolor recorría su costado izquierdo.
    Experimentó un súbito frescor en el rostro.
    Como un bálsamo.
    Volvió a abrir trabajosamente los ojos, pero sin conseguir ver nada. Infinitas luces multicolores danzaban a su alrededor.
    Parpadeó.
    Una y otra vez.
    Las luces se fueron eclipsando.
    Y entonces se percató de que toda aquella sensación de angustia de dolor, de náuseas... eran irreales.
    Los muertos no pueden sentir nada.
    Y Larry Baxter, al abrir los ojos, comprendió que estaba muerto.


(Adam Surray, Made in Chicago. Editoral Bruguera, Colección Servicio Secreto, 1975)

La escritura como hobby

Defiendo esa concepción del trabajo literario como producto nacido en el tiempo libre del autor. No infravaloremos los hobbies. En un hobby se puede meter toda la pasión, la fuerza y el talento del mundo. Schliemann era un aficionado que acabó desenterrando Troya. Hay que rechazar ese menosprecio de quien da por sentado que un escritor de fin de semana, esporádico, no es de fiar. Incluso hay quen rechazar el prejuicio en sentido inverso, que posiblemente da más en el clavo: que el escritor profesionalizado, en aras de su sustento, acaba agostado, bajando la guardia, escribiendo demasiado, forzándose y perdiendo el chispazo que surge sólo cuando uno se deja sorprender (...).
Claro que hay vidas y vidas de escritor. En realidad, seamos sinceros: lo que hasta el último mono querría es escribir una novelita de cien páginas, inspirada, genial, una obra maestra, en un mes o dos, y que tuviera tanto éxito que nos hiciera ricos, pero no para dejar nuestro trabajo nutricio de mecánico o maest…

Moby Dick en Barcelona

Días pasados, hablando con mi primo y un amigo, salió a relucir un acontecimiento de mi infacia que tenía completamente olvidado: la llegada de la ballena Moby Dick a Barcelona.
He podido hallar constancia del acontecimiento en un anuncio de LaVanguardia, publicadoel 28 de diciembre de 1954 (¡y no era una inocentada!).


Esta "Moby Dick" no era blanca, y estuvo expuesta, "mejoradas su presentación y conservación",  junto a la estatua de Colón, al final de las Ramblas.
No recuerdo que me llevaran a verla.
Hay registro gráfico del paso de la "ballena gigante" por Madrid seis meses antes, recogido por las cámaras del No-Do (hacer clic para ver video), sección "Pintoresco y extraño", como no podía ser menos.

Gil de Bedma, 25 años después.

Jaime Gil de Biedma (1929-1990)

Hoy se cumple un cuarto de siglo de la muerte de Jaime Gil de Biedma. Recuerdo bien el recital que dio en Oviedo, en el local de la Caja de Ahorros. Fue en los años ochenta, y lo trajo Tribuna Ciudadana. Para entonces no sospechábamos que solo unos años después su voz se apagaría para siempre.
A modo de pequeño homenaje leo en su libro El pie de la letra. Ensayos 1955-1979, uno de mis ensayos preferidos, "De mi antiguo comercio con los héroes", aquel que evoca lecturas de su infancia y empieza: "En abril de 1956, estando en Hong Kong, descubrí que el capitán Gilson me había engañado. Cenaba en casa de unos amigos de amigos, gente rica que vive en las estribaciones del Pico, en esa zona que hasta la segunda guerra mundial fue coto residencial exclusivo de la raza blanca, y cuando me llevaron a la terraza, a ver las vistas, pedí que en la la lejanía me señalasen luces de Cantón, la fabulosa ciudad de mi infancia; resultó que era imposible v…

Un poema de Venancio Fortunato

Venancio Fortunato (c. 535-c. 603)

A PLACIDINA, ESPOSA DE LEONCIO, OBISPO DE BURDEOS

Recibe con benevolencia, te lo ruego, piadosa, estos dones insignificantes, tú, que en este mundo  resplandeces más que un valioso presente. A fin de que esta isla te los diese de entre las olas, el Océano lanzó con furia sus aguas. Mientras quería, anheloso, visitar aquellos paisajes marinos, una tormenta furente de la parte del Norte me desvió. A pesar de esto, para que tu generosidad se manifestase plenamente, se me ofreció en tierra lo que buscaba en el mar.

(Versión a partir de la traducción del latín al catalán de Josep Pla i Agulló, Venanci Fortunat, Poesíes, I, Fundació Bernat Metge, 1992)

Grau

Shirley Ann Grau

"Los atardeceres de noviembre son plácidos y secos. Los árboles desnudos cubiertos de escarcha y las plantas relucen y se vuelven plateados en la marchita claridad. En los campos, que el invierno dejó desiertos, afloramientos graníticos lanzan vivos destellos blancos. Los huesos de la tierra, les llaman los viejos". Así empieza Los guardas de la casa, novela con la que su autora, Shirley Ann Grau, ganó el premio Pulitzer en 1965. Grau se había dado a conocer diez años antes con un libro de relatos cortos The Black Prince, al que siguieron dos novelas, The Hard Blue Sky (1958) y The House on Coliseum Street (1961); pero no sería hasta su tercera novela, Los guardas de la casa, cuando alcanzaría su consagración como narradora. Posteriormente publicaría otras novelas y relatos, que acabarían por cimentar su reputación literaria. Nacida en Nueva Orleans en 1929, Shirley Ann Grau pertenece a la misma generación de escritores sureños de la que forman parte, entre…