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Mostrando entradas de junio, 2018

Podredura

Como es sabido, Balzac comienza Papá Goriot (1834) con una larga y detallada descripción de la casa de huéspedes de Madame Vauquer, sita en la calle Nueva de Santa Genoveva de París, entre el Barrio Latino y el arrabal de San Marcelo. A lo largo de una treintena de páginas el narrador va describiendo con detalle todas y cada una de sus habitaciones, con su mobiliario correspondiente; y luego introduce a los huéspedes de la pensión, haciendo notar su situación personal en la vida a fines del mes de noviembre de 1819, justo cuando cuando arranca la acción.
Esta forma de iniciar una novela nos parece hoy en día convencional y corriente, pero no lo era tanto en la época en que fue escrita Papá Goriot. Además, puede decirse que Balzac lleva este recurso narrativo a altas cotas de refinamiento. Lo acertó a ver con acuidad Erich Auerbach cuando en Mímesis. La representación de la realidad en la literatura occidental (1946)escogió precisamente, como ejemplo del innovador estilo realista de B…

Con un pie en el estribo

En aquel momento me ausenté de Caen, donde vivía entonces, para participar en una excursión geológica organizada por la escuela de minas. Las peripecias del viaje me hicieron olvidar mis trabajos matemáticos. Al llegar a Coutances, subimos en un ómnibus para dar no sé qué paseo. En el momento en el que puse el pie en el estribo, me vino la idea, sin que nada en mis pensamientos anteriores pareciera haberme preparado para ello, de que las transformaciones a las que había recurrido para definir las funciones fuchsianas eran idénticas a las de la geometría no euclidiana. No hice la comprobación, pues no me habría dado tiempo, ya que nada más sentarme en el ómnibus reanudé la conversación recién empezada, pero había sentido en el acto una certeza total. De vuelta a Caen, comprobé el resultado con la mente despejada, para descargo de mi conciencia.

(Henri Poincaré, La invención matemática. Cómo se inventa: el trabajo del incosnsciente. Edición de Francisco González Fernández, Krk Edicione…

Fuego y cenizas

"Lo perdido en el fuego se encontrará en las cenizas."

(Denzel Washington en Los siete magníficos, 2016, de Antoine Fuqua. Guion basado en la película de Akira Kurosawa).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

De pistola a sonajero

Los ojos de Yanis Borzov se posaron un instante en el desnudo y excitante busto de Yeda, pero no se movió.
Ella alzó los brazos, para recibirle en ellos, y volvió a sonreírle turbadoramente.
-Ven, terrestre- pidió, con cálida voz.
El comandante Borzov, en vez de echarse en los aterciopelados brazos de Yeda, extrajo velozmente su pistola de rayos láser y le apuntó al pecho.
-No quisiera tener que utilizar mi arma, Yeda. Por favor, no me obligues. Si veo que intentas algo contra mí, dispararé, te lo advierto.
Yeda se echó a reír.
-¿Crees que yo te dejaría, tonto?
-No puedes impedirme que apriete el gatillo, sólo necesito una fracción de segundo para eso.
-Menos necesito yo para convertir tu pistola en un objeto inofensivo. Me basta con mirarla y... ¡zas!, ya está.
Yanis Borzov se quedó estupefacto.
¡En la mano ya no tenía una pistola de rayos láser!
¡Tenía un sonajero!
¡Con cascabeles y todo!

(Joseph Berna, El planeta encantado. Bruguera, 1980).

Ningún hombre es una isla

¿Quién no dirige la mirada al sol cuando éste se alza?; ¿pero quién aparta sus ojos de un cometa cuando éste aparece? ¿Quién no presta oídos a cualquier campana, en cualquier circunstancia en que ésta dobla?; ¿pero quién puede alejarse de esa campana que da paso a un trozo de él mismo fuera de este mundo? Ningún hombre es una isla, completa en sí misma; cada hombre es un trozo del continente, una parte del todo; si un terrón fuese arrastrado por el mar (y Europa es el más pequeño), sería lo mismo que si fuese un promontorio, que si fuese una finca de tus amigos o tuya propia; la muerte de cualquier hombre me disminuye, porque yo estoy involucrado en la humanidad; y, en consecuencia, no envíes nunca a preguntar por quién doblan las campanas; doblan por ti.

(John Donne, Devociones, XVII. Versión de Alberto Girri, Editorial Brújula, Buenos Aires, 1969).

Balzac y Brookner

"A los cuarenta años, la doctora Weiss comprendió que la literatura le había destrozado la vida." Así empieza Un debut en la vida (1981), el debut en la novela de la escritora inglesa Anita Bookner, recientemente editada por Libros del Asteroide en traducción de Catalina Martínez Muñoz. La protagonista Ruth Weiss es una profesora universitaria, inteligente pero acomplejada, autora de una tesis doctoral sobre vicio y virtud en la obra de Balzac y especialista en las mujeres de la Comedia Humana. La novela de Brookner adopta el título homónimo de otra novela Balzac, perteneciente a la serie "Escenas de la vida privada", y a lo largo de la misma se alude a diversos personajes balzacianos, como Eugénie Grandet, Modeste Mignon o Dinah de la Baudraye.
Ruth Weiss sabe mucho de ficción pero poco de la vida real en la que parece moverse con patente dificultad, cuando no con torpeza. La lectura de Balzac le ha enseñado cosas, por ejemplo que no quiere ser una cándida y virt…

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).