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Mostrando entradas de abril, 2007

El infierno de Fante

En La biblioteca de los libros perdidos, de Stuart Kelly, se nos habla de libros inacabados, o que se han perdido, fueron destruidos, se extraviaron... La lista que presenta Kelly es larga y forma en sí misma una sugerente y nada desdeñable biblioteca fantasma de libros inexistentes. Por supuesto no es completa, ni puede serlo. Están los más conocidos, pero faltan algunos. Por ejemplo, el siguiente.
En la mañana del 10 de marzo de 1933, un terremoto de magnitud 6.3 en la escala Richter se sintió en Los Angeles, California. El seísmo fue especialmente virulento en el área de Long Beach. Numerosos edificios cayeron o sufrieron desperfectos. Murieron más de cien personas. El vecino John Fante, de 23 años, salvó la vida, pero no pudo salvar el manuscrito de Mater dolorosa, la novela que estaba escribiendo. La casa donde vivía se incendió y el original mecanografiado desapareció entre los escombros. Tres meses de esfuerzo y casi sesenta mil palabras se evaporaron para siempre. El damnificad…

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro, milagro. Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía. Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Catal…

Originalidad y plagio

En literatura, que haya coincidencias -temáticas, textuales- no significa necesariamente que haya plagio. Inversamente, que algo se considere original -un argumento, una frase- no significa necesariamente que lo sea. Como dijo el deán William R. Inge, la originalidad es plagio no detectado.

Pure noir (III)

Aunque en nuestra mente asociamos todo lo que induce al miedo, tal vez con razón, a lo osuro y a lo tenebroso, a lo disonante y a lo desabrido -los golpes sin piedad, los hedores de la podredumbre-, las experiencias más terribles se dan a menudo desprovistas de estas propiedades melodramáticas. Las palabras "te quiero", pronunciadas en una terraza que baña el sol en un día jubiloso, bien pueden cimentar una traición. La distraída gratificación de un impulso, concebido en pleno éxtasis de los sentidos, puede encerrar el amargo fruto de la desgracia.

(Palabras preliminares de El final de Philip Banter (1947), de John Franklin Bardin).

Más vidas breves

Mary Herbert.
Mary, condesa de Pembroke, era hermana de Sir Philip Sydney: casada con Henry, el hijo mayor de William, conde de Pembroke.
Era una hermosa dama, y tuvo un ingenio sobresaliente, y la mejor cuna que aquella época podía proporcionar. Tenía una encantadora cara ovalada. Su pelo era amarillo rojizo.
Era muy salaz, y tenía una artimaña, que era: en primavera, cuando los sementales iban a cubrir a las yeguas, eran conducidos a una parte de la casa donde ella había dispuesto una vidette para mirarlos y gozarse con su retozo; y a continuación ella realizaba el mismo retozo con sus sementales.

Edward de Vere, decimoséptimo conde de Oxford.
Mr. Thomas Hensahwe, Regiae Societatis Socius, me contó que el conde de Oxford gastó cuarenta mil libras per annum en siete años. Vivió en Florencia con más grandeur que el duque de Toscana.
Este conde de Oxford, haciendo el besamanos de la reina Isabel, se tiró un pedo, por lo que se sintió tan cortado y avergonzado que se fue de viaje: 7 años. A s…

Un poema de Denise Levertov

LOS TIBURONES

Bueno, pues el último día aparecieron los tiburones.
Aparecen aletas negras, inocentes
a modo de advertencia. El mar se vuelve
siniestro, ¿están en todas partes?
Creedme, dejan en el agua una brecha de seis pies.
¿No es éste el mismo mar, y ya no
jugaremos más en él?
Me gustaba limpio y no
demasiado calmo, con suficientes
olas para zambullirme en él. Por primera vez
me había atrevido a nadar en lo hondo.
Llegaron al atardecer, en el momento
en que un brillo de cobre aquieta el mar,
aún no iluminado por la luna,
lo bastante claro para verlos fácilmente. Negro
el afilado borde de las aletas.

(Traducción: J.O. "The Sharks" se halla incluido en Collected Earlier Poems 1940-1960, 1979)

Rechazos

¿Qué escritor o aspirante a escritor no guarda alguna carta de editorial rechazando un original? Como miro alrededor y no veo manos levantadas, entonces dejemos de lado el victimismo por unos momentos y recordemos, por ejemplo, que Dublineses, de James Joyce, fue rechazado por 22 editoriales.
Y, por si sirve de consuelo, aquí van algunas respuestas de editores recibidas por insignes autores.

- "No es lo suficientemente larga como para serializarla ni suficientemente corta para una relato individualizado" (Estudio en escarlata, Arthur Conan Doyle, 1887).
-"Lo siento, Mr. Kipling, pero usted sencillamente no sabe cómo usar la lengua inglesa" (Manuscrito sin título, Rudyard Kipling, 1889).
-"Usted ha enterrado su novela bajo un montón de detalles que están bien, pero que son enteramente superfluos" (Madame Bovary, Gustave Flaubert, 1856).
-"No creo que que el libro pueda tener grandes ventas aquí... Es desagradable" (El filo de la navaja, W. Somerset Ma…

Dardos bloyanos

Este enérgúmeno genial que fue Léon Bloy, no reparó en gastos a la hora de repartir estopa contra unos y otros. "He buscado largo tiempo la manera de hacerme insoportable", dijo. Lo consiguió.
He aquí una mínima muestra de sus afilados dardos lanzados contra algunos compatriotas escritores:

- Un soldado sentado en un vaso de noche con le sac au dos, entre Là-bas y Là-haut (Huysmans).
- Un aborto que orina contra el Himalaya (Rimbaud).
- Dos rapavejeros unidos por una membrana, como los hermanos siameses (Edmond y Jules Goncourt).
- Este lama imbécil cuya miserable senilidad intelectual nadie ignora, ni su sórdida avaricia, ni su monstruoso egoísmo, ni su perfecta hipocresía (Hugo).

El poeta como arquitecto

En la novela El retorn de Voltaire, premio Josep Pla 2007, su autor, Martí Domínguez, escribe en un momento dado:
Pensó en Boileau, que cuando fue a cobrar la pensión concedida por Luis XIV por "la satisfacción que nos han dado sus obras", el encargado del tesoro real le preguntó, curioso, de qué clase de obras se trataba. "Obras de construcción. Soy arquitecto", le contestó. Aquella construcción del idioma, unida a la fuerza de las ideas, había sido su arma más potente. Un poeta es un arquitecto de la lengua."
(Y Joan Margarit, podríamos decir, lo es por partida doble).