Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando entradas de marzo, 2015

Faros

E. L. Doctorow
Escribir un libro es como conducir un coche de noche. Solo ves lo que los faros iluminan, pero puedes hacer todo el trayecto de esta manera. 
(E. L. Doctorow. En: Advice to Writers, de Jon Winokour, 2000)

Livor

Menfils fijó sus ojos en aquellas líneas trazadas toscamente: "Si hablas, no tardarás en morir. De tu silencio depende tu vida." Al fin, el altivo aristócrata se hubo de rendir ante la evidencia. Por unos segundos, evocó la cruel escena descrita por la muchacha, como si la hubiese presenciado, y sus facciones correctas se endurecieron hasta tornarse crueles... Luego volvióse hacia Katia, que, palidísima, había inclinado su cabeza desmayadamente sobre el respaldo del sillón, en tanto sus párpados se cerraban. El livor de las ojeras ponía unas sombras oscuras sobre los delicados pómulos, dando a su pequeño rostro un tono enfermizo.

(E. Aguilar de Rücker, Una mujer en peligro, Editorial Bruguera, 1962)

Los huesos de Cervantes

"Es posible que entre los fragmentos encontrados en la cripta de la iglesia de las Trinitarias se encuentren algunos pertenecientes a Miguel de Cervantes".  Es posible, no seguro. A esto puede reducirse lo que dijo en conferencia de prensa el equipo investigador que ha tratado de hallar e identificar los restos del autor del Quijote. Pero esto ya lo sabíamos antes de comenzar los trabajos arqueológicos que han costado 114.000 euros. O sea: por ahora y a falta de verificación por ADN, evidencias científicas, ninguna; especulaciones, todas.
A pesar de estas lógicas cautelas, le ha faltado tiempo a la alcaldesa de Madrid para decir eufórica que el hallazgo "contribuye a la historia y a la cultura de España" y ya acaricia la idea de celebrar una misa el 23 de abril que "podría contar con las más altas personalidades del Estado". En cuanto al ministro Wert también se felicita enormemente de la noticia y espera que la tumba de Cervantes "se convierta en u…

Un poema de Spicer

Jack Spicer (1925-1965)
POEMA DE AMOR
Hay verdadera pena en no tenerte como hay verdadero dolor en
    no tener poesía
En cualquier caso no enteramente como consuelo, solución, fin a todas
    las tragedias menores
Pero, en cualquier caso (poesía o tú)
Como compañero de cama.
Contra la deriva de los rododendros y otras imágenes que no hemos
    visto juntas
He visto tus labios sellados y llego sudando a casa.

(Jack Spicer, The Collected Books, Black Sparrow, 1975. Traducción: J.O.)

De la casa

Glenn Ford: Póngame una copa.
Camarero: ¿Whisky de la casa?
Glenn Ford: ¿Cómo es?
Camarero: De la casa.

(Paula, 1947, de Richard Wallace. Guion de Ben Maddow)

Clifford

Sir Hugh Clifford (1866-1941)

Hugh Clifford y Joseph Conrad se conocieron personalmente en 1899 cuando ambos eran colaboradores del Blackwood's Magazine. Un año antes Conrad había reseñado un libro de Clifford, Studies in Brown Humanity, que recogía sus experiencas como administrador colonial. Con los años seguiría su amistad, intercambiarían libros y mantendrían correspondencia. Conrad le dedicaría a su amigo la novela Chance (1914). Clifford sirvió como gobernador en diferentes países, entre ellos Malaya, norte de Borneo, Trinidad y Tobago, Nigeria y Ceilán, y escribió, fruto de sus experiencias, varios obras, en su mayoría impresiones de viaje y relatos de ficción, que fueron apreciadas por Conrad como productio de un amplio e inusual conocimiento de la historia del sudeste asiático y los problemas coloniales.
Entre su libros, la mayoría de relatos e impresiones de viaje, habría que destacar Further India -una historia de la exploración y primera colonización de Birmania, Siam…

Bibliótafo

Para alcanzar un alto grado de placer en la formación de una biblioteca hay que viajar. El bibliótafo viajaba regularmente en busca de ejemplates. Su teoría era que el coleccionista debe ir al libro, no esperar a que el libro venga a él. Ningún cazador que se precie, decía, querría que le trajeran un ciervo vivo a su jardín para matarlo. La mitad del placer está en seguir a la presa hasta su escondite.
     Sólo en contadas ocasiones hacía pedidos por catálogo; normalmente iba de acá para allá, visitando a los libreros, buscando el libro deseado. Disfrutaba en aquellas tiendas en las quue el librero tenía toda su mercancía expuesta, las existencias eran abundantes y las sopresas habituales; donde el propietario estaba magníficamente bien infortmado sobre algunos aspectos e igualmente desinformado en otros.
     Compraba generosamente, nunca discutía un precio y dejaba su dinero con el aire del hombre que cree que el dinero que no se gasta es el origen de todos los males.

(Leon H. Vin…

Pequeño homenaje a Francisco González Ledesma

Sacó su revólver. Era como una sentencia de muerte para Kennedy. Sonó un débil grito. Pero Kennedy ni se movió. -Paz -dijo-. Haya paz. El pistolero gruñó: -Baile. Haya baile. Y le disparó a los pies con la intención de obligarle a pegar un brinco. Pero Kennedy no se movió después del disparo. No pestañeó tan siquiera. Kennedy tan tranquilo. La tercera bala se le llevó parte de la suela. Y Kennedy sin enterarse. El pistolero le miró atónito. -¿Qué pasa? ¿No bailas? -Yo solo predico la paz. Y descargó la enorme Biblia con lomo de hierro sobre la cabeza de su agresor, quien no tuvo tiempo ni de levantar un poco más el Colt. Sonó un siniestro "chask". El pistolero quedó K.O., y cayó como una res apuntillada.  (Silver Kane, El templo de los pistoleros. Ediciones B, Colección Bravo Oeste, 1987) (Reproducción de la entrada del 2-12-2013)