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Mostrando entradas de enero, 2010

Salinger

En la última entrevista concedida, vía teléfono, por J. D. Salinger a The New York Times dijo, entre otras cosas: "Hay una paz maravillosa en no publicar. Es pacífico. Tranquilo. Publicar es una terrible invasión de mi vida privada. Me gusta escribir. Amo escribir. Pero escribo sólo para mi mismo y para mi propio placer."
A muchos también nos gustaría poder decir esto. Él lo hizo después de haber publicado una novela imperecedera como es El guardián entre elcenteno y un puñado de relatos cortos que son pequeñas obras maestras. Su lugar en el olimpo de la literatura ya estaba ganado, y bien ganado.

500

Esta es la entrada número 500 de este blog. Cuando lo inicié, el 15 de septiembre de 2006, no contaba con llegar tan lejos.
Tampoco estoy seguro de si llegaré a alcanzar las 1000.
Pero de una cosa sí estoy seguro: Si he llegado hasta aquí es gracias a cuantos se han acercado, se acercan y -espero- se sigan acercando a esta bitácora.
Así pues, a todos ustedes, queridos amigos, mi más sincero agradecimiento.
Y pasado mañana, más.

Del nacimiento de la literatura

La literatura no nació el día en que un chico llegó corriendo del valle neandertal gritando "el lobo, el lobo", con un enorme lobo gris pisándole los talones; la literatura nació el día en que un chico llegó gritando "el lobo, el lobo", sin que le persiguiera ningún lobo. El que el pobre chaval acabara siendo devorado por un animal de verdad por haber mentido tantas veces es un mero accidente.

(Vladimir Nabokov, Curso de literatura europea)

Un poema de Carey

VIGILIA

El momento justo antes de irme a la cama se hace más corto cada año
El momento justo antes de que apague la luz y grabe
La posición de la cama desde donde yo permanezco
Con la mano en el interruptor

Empecé la costumbre de fotografiar la habitación en mi mente
Justo antes de apagar la luz
Para sentirme como en casa en habitaciones extrañas
En extraños o remotos lugares y encontrarme a gusto
O si había una lámpara al lado de la cama me aseguraba antes
Dónde estaba la puerta antes de apagarla

Pero ahora solo apago la luz y ya no compruebo nada
Como si supiera que el sueño que voy a tener me ha de llevar
A otras puertas y otras habitaciones
Y otra luz.

("Vigil" está incluido en That Further Hill (Bombshelter Press, Los Angeles, 1987), de Macdonald Carey. Traducción: J. O.)

Macdonald Carey

Era uno de esos rostros de Hollywood que todo el mundo reconocía al verlo en la pantalla, pero no todos sabían su nombre. MacDonald Carey (1913-1994) empezó su carrera en 1942 cantando y actuando en teatros y en la radio. A raíz de su intervención en el musical de Broadway Lady in the Dark, de Kurt Weill, se trasladó a la meca del cine contratado por la Paramount. Entre sus más de cincuenta películas, se pueden citar La sombra de una duda (Alfred Hirtchcock, 1943), El gran Gatsby (Elliott Nugent, 1949), Orgullo de comanche (George Sherman, 1950), El capitán Jones (John Farrow, 1959) o Estos son los condenados (Joseph Losey, 1962).
En cierta ocasión se retrató a sí mismo con estas palabras: "Soy una especie de hombre corriente medio, el perfecto tipo de clase media". En los cincuenta inició su participación en la televisión, alcanzando a partir de 1965 enorme popularidad como protagonista de la serie "Days of Our Lives". Precisamente The Days of My Life se titula su …

Mont Pelée

"Nube ardiente" producida por la erupción de 1902
del volcán Mont Pelée, en la Martinica.
(Foto tomada por Alfred Lacroix)

A las 8 de la mañana del día 8 de mayo de 1902 una estruendosa detonación se oyó en toda la isla caribeña de Martinica. Pocos minutos más tarde la capital Saint-Pierre quedaba destruida por un potente flujo piroclástico que descendió precipitadamente por la ladera del volcán Mont Pelée, situado a 7 kilómetros de distancia. Hubo 28.000 víctimas mortales y solo se salvaron muy pocas personas, entre ellas un preso que estaba en el calabozo.
El término "nube ardiente" fue introducido por el petrólogo y volcanólogo Alfred Lacroix, que visitó el lugar de los hechos al mes siguiente. Como consecuencia de la erupción un enorme domo o pitón de lava andesítica se elevó hasta una altura de casi 300 metros antes de venirse abajo y desparramarse en mil pedazos.
Muy probablemente, el escritor y viajero Patrick Leigh Fermor debió de tener presente esta violenta …

El padrino milagrero

Grabado de Fr. Bernardo de Corleone (1605-1667),
de Salvador Carmona, en Vida del Beato Bernardo de Corleón,
de Francisco de Ajofrín (1769)

"Fecuentaba los Sacramentos con grande ejemplo en la ciudad una doncella panormitana... Envidioso Satanás de ver tan rara santidad en una tierna doncella, puso todo su esfuerzo la serpiente infernal para derribarla de aquel estado feliz, en que la gracia del Señor la había colocado: armó lazos, llamando en su ayuda todas las astucias infernales; pero viendo que era en vano todo, tomó esta empresa por suya, saliendo al campo en persona, para batir aquel muro. Transformóse en un bello y agradable mancebo, y apareciéndosele una noche vestido de todas aquellas demostraciones que conducen a pecar, la estuvo instando a que se rindiese. Tuvo al principio grande horror y una firme resistencia, conociendo la fealdad de la culpa. Pero continuando Satanás en el asalto, fingiendo lisonjas, gustos y regalos, arrojaba, como dice la Escritura, llamas encend…

El viaje de D. Vicente

Vista panorámica de la Exposición Universal de París, 1867

El malagueño D. Vicente Martínez y Montes se fue en 1867 a dar una vuelta por Roma y París, aprovechando que en aquel momento ambas capitales estaban de moda por mor del centenario de San Pedro y la exposición universal, respectivamente. A resultas del viaje publicó al año siguiente, en su ciudad natal, el libro Roma y el centenario, París y la exposición de 1867, un tomo de más de trescientas páginas en el que cuenta su particular peregrinaje por aquellas tierras extranjeras.
En la "Introducción" el autor nos confiesa que, a parte de los motivos principales de dicho viaje, que eran ver al papa Pío IX y visitar la exposición parisiense, ha procurado también darle al cuerpo un poco del tono que con la edad se va gastando y que por medio de estos viajecitos se vigoriza; pero el muy pillín, después de haber dicho lo que dice parece arrepentirse y nos advierte acerca del viaje : "¡Pero qué de esfuerzo me ha costado e…

Lectora de novelas

Este cuadro se titula "La lectora de novelas" y es del pintor belga Antoine Wiertz (1806-1865).
Es un cuadro intrigante.
¿Qué es lo que nos muestra? Vemos a una mujer desnuda, de rubensianas formas, echada voluptuosamente encima de una cama, leyendo un libro, una novela a tenor del título. ¿Tal vez una novela erótica o pornográfica? Probablemente. Lo cierto es que parece pasarlo bien con su lectura.
Vemos también que hay más libros sobre la cama. ¿Leídos? ¿Por leer? Y una persona escondida tras la cortina de la izquierda, de la que solo asoma su mano. ¡Ay, esta mano! ¿De quién es? ¿Es la mano de quien le proporciona los libros? ¿De alguien que se los quita?¿Es de un hombre? ¿De una mujer?
Misterio.

Trigueros

Entre los desastres naturales que habitualmente asolan el solar hispano, las crecidas de los ríos se cuentan entre los que más víctimas y daños materiales suelen producir. A finales de 1783 y comienzos de 1784 se produjeron grandes inundaciones en Sevilla a causa del desbordamiento del Guadalquivir, que sembraron de destrucción y cadáveres las márgenes del río. Impresionado por la catástrofe, el sacerdote Cándido María Trigueros (1736-1801), poeta, dramaturgo y miembro prominente de la Academia de Buenas Letras, escribió un largo poema épico, La riada, en el que canta "la terrible inundación que molestó a Sevilla", así como los esfuerzos de las autoridades para poner remedio a los desastrosos efectos. El poema, en cuatro cantos y con gran aparato mitológico, empieza con esta homérica invocación:

Canta, Musa, a las razas venideras
Los furores de Betis enojado,
De Sevilla las cuitas lastimeras
Y el tesón, la constancia, y gran denuedo
Del prudente varón, que la ha librado;
Cuéntal…

Camus

El pasado lunes se cumplieron cincuenta años del fallecimiento de Albert Camus, y su obra sigue más viva que nunca.
A modo de pequeño homenaje, estas líneas extraídas del prefacio a su libro El revés y el derecho (1958):
"El escritor tiene alegrías para las que vive y que bastan para colmarlo. Pero para mi están en el momento de la concepción, en el mismo instante en que aparece el tema, en que la sensibilidad, clarividente de pronto, capta el esbozo de la articulación de la obra, en esos momentos deliciosos en que la imaginación y la inteligencia son por completo una misma cosa. Esos instantes se van igual que llegan. Queda la ejecución, es decir, una prolongada penalidad."