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Mostrando entradas de diciembre, 2011

Profecías para un nuevo año

Si eres pobre sufrirás
y tu mal irá en aumento,
si no sabes procederte
con muy prudente remedio;
si eres pobre sufrirás
manden galgos o podencos,
porque el siglo así lo quiere
y a él todo está sugeto:
ni esperes tampoco que
en verano ni en invierno
los trabajos se acomoden
y se paguen a mejor precio
(...)
Tampoco el contribuyente
espere a su mal remedio,
lo más que podrá alcanzar
si paga diez pagar ciento,
sin contar las discreciones
perjuicios y recuentos...

(De Profecía para el año 1861. Escrita por el Viejo Malaquías. Barcelona, Imprenta de Ignacio Estivill, 1861, 4 págs.)

¡¡BUEN AÑO 2012 A TODOS!!

Tener o no tener

Nelson Algren (1909-1981)

Cuando tenemos más casas de las que necesitamos para vivir, más coches de los que podemos conducir, más comida de la que podemos comer, la única manera de hacerse más rico todavía es quitárselo a los que no tienen bastante. Si todo el mundo tuviera lo suficiente, ¿para qué querría yo tener más que suficiente? ¿Para qué sirve una amplia pradera a disposición de todos? Hasta que no se expulsa de ella a los otros, el pasto no adquiere valor real. ¿De qué sirve ser general si no puedes tener más que un soldado? Y ya puestos, ¿para qué sirve un soldado?

(De Un paseo por el lado salvaje, de Nelson Algren. Galaxia Gutenberg, 2011. Traducción de Vicente Campos)

Un poema de Creeley

Robert Creeley (1926-2005)

RECUERDO - DICIEMBRE

Yo había deseado
un año tranquilo,
luz en la oscuridad,
el final de los miedos.

Para el recién nacido
era mi credo,
en el pesebre,
en aquel humilde establo.

Tan pronto los animales
de la niñez
devolvieron la bondad,
hicieron el cuidado posible.

Pero este mundo de ahora
con sus carencias, su sufrimiento,
sus confusiones tiránicas
y su desesperanza,

no ve ninguna estrella
lejana que brille,
ni prodigio como luz
en la noche.

Solo nosotros entonces
recordamos, descubrimos,
aun podemos preocuparnos
por lo humano.

(De "Calendar", en Memory Gardens, New Directions, Nueva York, 1986, de Robert Creeley. Traducción: J.O.)

Cunqueiro

Álvaro Cunqueiro (1911-1981)

Hoy hace exactamente cien años que vino al mundo, en Mondoñedo, Álvaro Cunqueiro. Quiero desde aquí rendirle mi particular homenaje, pues fue, y sigue siendo, uno de mis escritores favoritos y, junto a Joan Perucho y algunos más, uno de los que más me influyeron al principio de mi andadura como escritor.
Cuando descubrí a Cunqueiro en los años sesenta del pasado siglo -primero leyendo sus artículos en la revista Destino y más tarde sus novelas más importantes-, no resultaba nada fácil expresar la admiración por su obra, pues los férreos dictados de la crítica de aquellos tiempos no iban, salvo excepciones, precisamente en esta línea.
A Cunqueiro le vi una vez en Barcelona. El Día del Libro de 1969 me presenté en la librería Catalònia de Barcelona para que me firmara un ejemplar de su novela Un hombre que se parecía a Orestes, con la que acababa de ganar el premio Nadal. Yo le dije que su libro Crónicas del sochantre me había entusiasmado, y no sé cómo acabó h…

Pájaros cantores

En la calle de Barrio-Nuevo, a mano derecha, entrando por la de Concepción, tiene su tienda un Jaulero; éste brinda al Público con lo que sabe; y es, componer organitos para enseñar cantar pájaros; si alguien tiene precisión de hacer uso de esta promesa, encamínese allá, para que los Pájaros, que tuviere, aprendan música. Dice también en su esquela, que el que tuviere algún Organito viejo, o roto, si quisiera venderlo, lo comprará, y después lo volverá a vender por precio muy acomodado. Añade más, y es, que se halla con Gorriones de Indias, machos y hembras, para criar Canarios, y Canarias.

(Diario Curioso-Erudito y Comercial, Público y Económico, Madrid, 8 de febrero de 1758)

Antes y después de la isla del tesoro

No hay ninguna obra de Robert Louis Stevenson que haya suscitado tanta literatura como La isla del tesoro. Son numerosos los autores que han puesto su imaginación al servicio de los personajes y lances de dicha novela, tratando de rellenar por su cuenta los misterios, zonas de penumbra y lagunas que Stevenson dejó en su inmortal relato. Por citar solo unas pocas, tenemos las obras de Harold A. Calahan (Back to Treasure Island, 1935), R. F. Delderfield (The Adventures of BenGunn, 1956), Leonard Wibberley (Flint's Island, 1972) y Frank Delaney (The Curse of TreasureIsland, 2001), entre otras.
Curiosamente, dos escritores asturianos han aportado su grano de arena a esta lista. Jesús del Campo -que teoriza sobre La isla del tesoro en su ensayo Tesoros, selvas y naufragios (1996)- especula en la secuela Las últimas voluntades del caballero Hawkins (2002) con un Jim Hawkins que, rico y de regreso a su tierra, decide reabrir la taberna del Almirante Benbow. Por otro lado, Óscar Muñiz nos …

Río de piedras

Es conocida la afición de Umberto Eco por las listas. Como él mismo menciona en Confesiones de un joven novelista, en su novela Baudolino hay un buen ejemplo de ello. Sucede cuando Baudolino y sus amigos, de viaje a la tierra del Preste Juan, se topan con el río Sambatyón que, según la tradición rabínica, no lleva agua sino que es un torrente seco de arena y piedras. Esto da motivo a Eco para introducir un heterogéneo listado de rocas y minerales. He aquí un breve y brillante ejemplo:
"Eran unas cataratas que se precipitaban desde decenas de imbornales rupestres, dispuestos en anfiteatro, en un desmedido torbellino final, un regurgitar incesante de granito, una vorágine de brea, una resaca única de alumbre, un rebullir de esquisto, un repercutirse de azarnefe contra las orillas (...) Era un rojear de hematites y cinabrio, un titilar de atramento cual acero, un trasvolar de pizcas de oropimente del amarillo al naranja flamante, un azular de armeniana, un blanquear de conchas calcin…

Palabra de pistolero

"Ya te lo dije una vez. El día que empiece a sentirme un ser humano, me mato yo mismo."

(Dan Duryea en El valle de la ira, de Jesse Hibbs, 1954. Guión de George Zuckerman)

Algo más sobre títulos

Además de lo dicho en mi entrada anterior sobre títulos de novela (26/11/11), añadir que otra socorrida solución a la hora de titular es jugar con las palabras "silencio" y "tiempo", de lo cual que hay ejemplos recientes: El tiempo entre costuras, de María Dueñas; Tiempo de arena, de Inma Chacón; El contenido del silencio, de Lucía Etxebarria... (No está de más recordar que Tiempo de silencio, ya lo pilló Martín Santos).
Otro recurso que parece estar de moda es el de echar mano de frases de canción, preferiblemente boleros: Toda una vida, de Marta Cerdá; Si tu me dices ven lo dejo todo... pero dime ven, de Albert Espinosa; Contigo aprendí, de Silvia Grijalba; etc.
Si esto falla, puede uno recurrir también a la llamada "fórmula Pancol", que consiste en colocar animales de por medio: Los ojos amarillos de los cocodrilos, El vals lento de las tortugas, Las ardillas de Central Park están tristes los lunes. Otro ejemplo: La noche de la mariposa dorada, de Tariq …

En el paraíso

Una "cortesana" de Tahití (Foto tomada de Paradisos oceànics)

Aurora Bertrana es un rara avis dentro de la literatura catalana. En 1926, con treinta y cuatro años se casa en Ginebra con Denis Choffat y ambos parten hacia la Polinesia francesa en busca de nuevos horizontes. Sus impresiones sobre su estancia de tres años en las islas de la Sociedad constituyen su libro Paradisos oceànics (Badalona, 1930) que ella misma tradujo al castellano como Islas de ensueño (Barcelona, 1933).
En el libro Bertrana no habla de su marido, pero en cambio da rienda suelta a las sensaciones que le produce el archipiélago: sus gentes, su paisaje, su cultura y sus costumbres. La cálida y sensual naturaleza de Tahití, Moorea y Bora-Bora excitan sus sentidos. Los colores y las luces tropicales, le deslumbran hasta hecerle decir que "es aquí donde yo querría un día morir". Le seduce la belleza de las vahinés, como la "cortesana" Turei, que "lleva el sol dentro de la piel; el …

Muerte de huevo

Donaldson se abalanzó hacia la pelirroja Evelyn Anderson. Pero llegó tarde. Ella ya sostenía una automática en la mano. Se clavó el cañón en el pecho izquierdo y accionó el gatillo.
La cogí antes de que cayera al suelo. A continuación le busqué el pulso. Levanté la mirada y dije:
-Más muerta que un huevo frito.

("El caso del horóscopo", en Las estrellas mueren de noche y otros casos de Dan Turner, detectivede Hollywood, de Robert Leslie Bellem. Valdemar, 2011)