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Mostrando entradas de julio, 2020

La duquesa, el francés y el orangután

En 1798 el rey Carlos IV decide nombrar a Pedro Alcántara Téllez-Girón, IX duque de Osuna,  embajador de España en Austria. Tras meses de preparativos, el duque parte de Madrid el 26 de enero de 1799 con su esposa, María Josefa Alonso Pimentel, XII condesa-duquesa de Benavente, y su numeroso séquito. El paso por Francia resulta azaroso, cuando no arriesgado, debido a la situación anárquica que vive el país vecino en aquellos días. En París se hospedan en el palacio de los duques del Infantado, en la calle de Florentin. Allí residirán casi un año, a la espera de poder proseguir el viaje hasta Viena. Pero ante las complicaciones de su misión y la cada vez más escasas posibilidades de llegar a su destino, el duque pide regresar a España. Tras recorrer los mismos malos caminos y malas posadas que en la ida, llegan a Madrid el 7 de enero de 1800.




Entre las numerosas personas que los duques de Osuna tuvieron la oportunidad de tratar en aquel París bullicioso y abigarrado del Directorio, des…

Camarero, ¿el ticket verde, por favor?

Sortear cosas es una de las formas de publicidad más antiguas. Pasan los años, cambia la sociedad, pero siguen las rifas. A mediados de los años cincuenta la Casa Caballero, dedicada a la fabricación de bebidas alcohólicas, entre ellas el popular DECANO ("Caballero... ¡qué coñac!"), ofreció siete grandes sorteos trimestrales en los que se se premiaron a los ganadores con 21 coches Renault, 21 Vespas y 105 carteras con dinero. Para dar publicidad a los sorteos se pusieron anuncios en periódicos y revistas y se enviaron tarjetas postales a domicilio.



Y este era el reverso de una de estas postales en la que se indicaban las condiciones para participar en el sorteo.



Nada de particular, solo que... ¿Qué clase de brebaje sería el "Licor ÑAÑAMBRUK" ¿Alguien lo recuerda? Más aún, ¿alguien lo llegó a probar?

El fin del mundo del ayer

Franz Werfel dijo acertadamente que Zweig estaba equipado para vivir en los países del exilio antes de que fuera un exiliado. Era multilingüe, famoso en todo el mundo, sus modales eran perfectos y no había ningún lugar al que no llegara el flujo de sus derechos de autor. Pero su éxito personal significaba poco para él fuera de su entorno original. Su derrumbamiento definitivo puede entenderse mejor a través del Tagebücher que llevó hasta el inicio de la II Guerra Mundial. En la página 410 vemos que él ya acarreaba un vial con veneno cuando sucedió lo de Dunquerque. Y en la página 464:"der Epoch der Sicherheit vorbei ist" (la época de la seguridad ha terminado)... Se acabó. Europa finiquitada, nuestro mundo destruído. Ahora estamos realmente sin hogar."

(Clive James, Cultural Amnesia. Notes in the Margin of My Time. Picador, 2007).

Como agua cristalina

En Historia de la Literatura por Edelvives (1958) se define el estilo de Azorín como "sobrio, escueto y preciso" y se citan unas palabras suyas: "El estilo no es nada. El estilo es escribir de tal modo que quien lea piense: Esto no es nada. Que piense: Esto lo hago yo. Y que, sin embargo, no pueda hacer eso tan sencillo -quien así lo crea-; y que eso que no es nada, sea lo más difícil, lo más trabajoso, lo más complicado".
En sus Memorias inmemoriales (1946), que como es sabido no son ni unas memorias ni menos inmemoriales, habla Azorín por boca de un tal X, trasunto del autor:

"El estilo es una entelequia; se habla de estilo cuando no se tiene estilo y entre quienes no saben escribir. Si quieres que te dé una definición del estilo, te diré lo siguiente: Tener estilo es no tener estilo. Cuando se lee a alguien que de veras tiene  estilo y se cierra el libro, no se sabe cómo ha escrito el autor de la prosa que acabamos de leer. No sabemos tampoco del color y de…