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Entradas

Una ardiente fiebre en una fría melancolía

¡Oh multiplicada calamidad!; morimos en  este tormento de la enfermedad; estamos atormentados por la enfermedad, y no podemos aguardar hasta que el tormento llegue, sino que las previas aprensiones y presagios profetizan esos tormentos que causan la muerte antes de que ésta llegue; y nuestra disolución es concebida por esos primeros cambios, la primera señal de la enfermedad en sí misma, y nace en la muerte, que ya asoma en esos primeros cambios. ¿Es ese el honor que le toca al hombre por ser un pequeño mundo, que tiene en sí estos terremotos, súbitos temblores; estos rayos, súbitos relámpagos; estos truenos, súbitos ruidos; estos eclipses, súbitas ofuscaciones y oscurecimientos de sus sentidos; estos cometas, súbitas exhalaciones ardientes; estos ríos de sangre, súbitas aguas rojas? Él es, por tanto, un mundo solamente para sí mismo, tiene lo suficiente en sí mismo, no sólo para destruirse, y matarse, sino para vaticinar esa ejecución de sí mismo; para asistir a la enfermedad, antic…
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Bahí, un pionero del confinamiento

Juan Francisco Bahí y Fonseca (1775-1841) fue un médico, botánico y agrónomo catalán, nacido en Blanes (Girona), que durante la epidemia de fiebre amarilla que padeció Barcelona en 1821 defendió, en contra de la opinión de muchos de sus colegas, la teoría del contagio. Con el fin de impedir la expansión de la epidemia Bahí, que era miembro de la Junta de Sanidad, propugnó la instalación de hospitales y casas de socorro, la incomunicación de los enfermos infectados y el aislamiento del puerto y de la Barceloneta, el populoso barrio donde se había registrado el primer brote. La medida fue tan polémica y discutida que desencadenó una revuelta popular que casi le cuesta la vida a Bahí. En medio del desprecio y de todo tipo de burlas (llegó a ser quemado en efigie), tuvo que refugiarse en el Jardín Botánico primero, y luego huir a uña de caballo hasta Tiana, lugar donde esperó frustrado y angustiado el fin de la epidemia.
Saco la siguiente información del Diccionario de escritores y artis…

Fernando de Arteaga

Nacido en Barcelona en 1851, Fernando de Arteaga y Pereira fue un licenciado en Filosofía y Letras que ejerció la docencia en diversos centros públicos de Barcelona y Madrid. En 1890 se trasladó a Inglaterra, por recomendación de Claudio López Bru, segundo marqués de Comillas, de cuya familia había sido tutor. En Oxford contactó con el hispanista Henry Butler Clarke, quien le nombró su ayudante. Con el tiempo Arteaga fue profesor titular de Lengua y Literatura Españolas en la Taylor Institution. Murió en 1934.
Desde su juventud mostró predilección por el cultivo de la poesía. Entre sus poemarios se cuenta Tierras Amigas, publicado en 1922 por la Imprenta Clarendoniana de la Universidad de Oxford. La edición consta de 145 ejemplares numerados, publicados "a reqerimiento de la Sociedad Anglo-Española de los Países Hispanohablantes y el Imperio Británico, para su distribución entre los principales promotores y suscriptores al fondo central".
El volumen reúne un centenar  de br…

Susana March

A los treinta años del fallecimiento de la escritora Susana March (1915-1990) la editorial Torremozas ha tenido el acierto de publicar una nueva edición (la anterior es de 1995) de El viento, uno de los poemarios más relevantes y característicos de la poeta barcelonesa.
Susana March pertenece al grupo de poetas que alcanzaron la madurez en torno a los años 50, aunque empezó a escribir y publicar poemas en los años treinta. Otros poemarios suyos son: Ardiente voz (1948), que sitúa a la autora en un lugar prominente en el panorama poético español; Polvo en la tierra (1949), accésit al premio de poesía Boscán; La tristeza (1953), accésit al premio Adonais; y Esta mujer que soy (1959), uno de sus libros más maduros. También escribió cuentos y novelas, una de las cuales, Nina (1949), fue finalista del premio de novela Ciudad de Barcelona. En colaboración con su marido, Ricardo Fernández de la Reguera, emprendió en 1963 para la editorial Planeta la escritura de doce novelas en la estela de…

Hambruna en París

La segunda entrega del Diario. Memorias de la vida literaria (Renacimiento, 2020) de los hermanos Goncourt, ya solo con la autoría de Edmond (pues su hermano Jules había muerto en 1870), lleva el subtítulo de El sitio y la Comuna de París (1870-1871). José Havel se ha encargado de su edición y traducción, con la pericia y elegancia que ya había mostrado en el primer volumen.
Lo que testimonia Edmond de Goncourt en su diario coincide con un período convulso de Francia, y particularmente de su capital. El Año Terrible, como lo denominó Victor Hugo, en el que, entre otros acontecimientos, acaecieron: la guerra franco-prusiana, la caída del Segundo Imperio, la derrota frente a la alianza germana, el sitio de París, la Comuna y la guerra civil. El libro está lleno de cuadros realistas y crudas descripciones de aquellos meses de guerra, caos, muerte, hambre, desolación y ruina.
He aquí un breve, pero significativo, apunte correspondiente al sábado, 31 de diciembre de 1870:
"La carne de…

En compañía de rocas

Es interesante hacer notar que, mientras los científicos prominentes en otros campos tienden a hacer sus contribuciones más revolucionarias entre los 20 y los 30 años de edad, los geólogos maduran más gradualmente y suelen hacer su trabajo más importante en una etapa posterior de su carrera, después de toda una vida pasada en compañía de las rocas.
La evolución de la geología ha sido similar. Las simplistas ideas victorianas sobre el planeta -el dogma del uniformismo estricto, la creencia en los continentes fijos, la negación de las extinciones masivas- han cedido el paso a una comprensión más sutil y humilde de una Tierra que tiene muchos estados de ánimo y semblantes, y que todavía alberga profundos secretos. Para mí, la geología señala hacia un camino intermedio entre los pecados del orgullo narcisista respecto de nuestra importancia y la desesperación existencial por nuestra insignificancia. Una enseñanza atribuida a Simcha Bunim, un rabino polaco del siglo XVIII, afirma que todo…

El poder de la palabra

Con elecciones democráticas puede llegar al poder un partido que quiera acabar con la democracia.Y puede anular el derecho a la Libertad de Expresión haciendo uso de ese mismo derecho. Puede incluso difundir la idea de que ese derecho debe ser abolido.
Eso es algo que todos sabemos, pero lo aceptamos como "el dilema de la democracia". En mi opinión, es un error. Las libertades democráticas deben estar al servicio de principios más grandes que ellas, como por ejemplo la paz o la igualdad entre los hombres, para no volverse autodestructivas.
La sociedad no quiere, ni puede prohibir opiniones, únicamente acciones. Parece lógico, pero no lo es. Las opiniones no se consideran acciones, son intangibles, existen en el espacio y en el tiempo un poco como fantasmas. Las palabras no son sino aire comprimido.
Por el contrario, las acciones son visibles. Mueves una silla de lugar en una habitación, y la habitación cambia.
Mi abuela no era periodista, ni filósofa, pero solía decir que &…