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Descanso

Este blog se toma un descanso hasta mediados de agosto.
Hasta entonces, gracias y buen verano.
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Pamela Frankau

Pamela Frankau fue una prolífica escritora inglesa que gozó de gran reputación entre los años treinta y cincuenta, para luego ir cayendo en el olvido, como otros autoras notables de su época, por ejemplo Clemence Dane o Storm Jameson. Pertenecía a una dinastía de escritores de origen judío: su abuela, su padre, su hermana y su tío lo fueron. Tras la muerte de su amante, el poeta Humbert Wolfe, se convirtió al catolicismo. Se volvió a casar, se divorció y pasó los últimos años de su vida en compañía de la productora teatral Margaret Webster.
De las más de veinte novelas que escribió, con un estilo accesible y elegante, tan solo un par de ellas han sido traducidas al castellano, y de esto hace ya más de cincuenta años: La cabaña de los sauces (AHR, 1953) y A través del bosque (Plaza y Janés, 1961). A finales de la década de los ochenta su nombre volvió a ponerse en circulación en los medios anglosajones gracias a la reedición de algunas de sus obras por la editorial feminista Virago.
U…

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…

Joyceana

Un día de 1918, en la Bahnhofstrasse de Zúrich, un hombre llamado Frank Budgen se encontró con un amigo, un hombre llamado James Joyce. Éste llevaba un abrigo marrón abotonado hasta la barbilla. Mientras entraban juntos en la cafetería Astoria, escribe Budgen:

Le pregunté por el Ulises. ¿Estaba progresando?
-He estado trabajando duramente en él todo el día -dijo Joyce.
-¿Significa eso que ha escrito mucho? -pregunté yo.
-Dos frases -dijo Joyce.
Le miré de reojo pero no sonreía. Pensé en Flaubert.
-¿Ha estado buscando el mot juste? -le pregunté.
-No -dijo él-. Las palabras ya las tengo. Lo que estoy buscando es su orden en la frase. Hay un orden apropiado. Creo que lo he encontrado.

(Adam Thirlwell, La novela múltiple. Traducción de Alex Montoto, Editorial Anagrama, 2014).

Podredura

Como es sabido, Balzac comienza Papá Goriot (1834) con una larga y detallada descripción de la casa de huéspedes de Madame Vauquer, sita en la calle Nueva de Santa Genoveva de París, entre el Barrio Latino y el arrabal de San Marcelo. A lo largo de una treintena de páginas el narrador va describiendo con detalle todas y cada una de sus habitaciones, con su mobiliario correspondiente; y luego introduce a los huéspedes de la pensión, haciendo notar su situación personal en la vida a fines del mes de noviembre de 1819, justo cuando cuando arranca la acción.
Esta forma de iniciar una novela nos parece hoy en día convencional y corriente, pero no lo era tanto en la época en que fue escrita Papá Goriot. Además, puede decirse que Balzac lleva este recurso narrativo a altas cotas de refinamiento. Lo acertó a ver con acuidad Erich Auerbach cuando en Mímesis. La representación de la realidad en la literatura occidental (1946)escogió precisamente, como ejemplo del innovador estilo realista de B…

Con un pie en el estribo

En aquel momento me ausenté de Caen, donde vivía entonces, para participar en una excursión geológica organizada por la escuela de minas. Las peripecias del viaje me hicieron olvidar mis trabajos matemáticos. Al llegar a Coutances, subimos en un ómnibus para dar no sé qué paseo. En el momento en el que puse el pie en el estribo, me vino la idea, sin que nada en mis pensamientos anteriores pareciera haberme preparado para ello, de que las transformaciones a las que había recurrido para definir las funciones fuchsianas eran idénticas a las de la geometría no euclidiana. No hice la comprobación, pues no me habría dado tiempo, ya que nada más sentarme en el ómnibus reanudé la conversación recién empezada, pero había sentido en el acto una certeza total. De vuelta a Caen, comprobé el resultado con la mente despejada, para descargo de mi conciencia.

(Henri Poincaré, La invención matemática. Cómo se inventa: el trabajo del incosnsciente. Edición de Francisco González Fernández, Krk Edicione…

Fuego y cenizas

"Lo perdido en el fuego se encontrará en las cenizas."

(Denzel Washington en Los siete magníficos, 2016, de Antoine Fuqua. Guion basado en la película de Akira Kurosawa).