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Tormenta

El reciente paso de la borrasca "Ana" por la Península Ibérica me ha traído a la memoria el nombre de George R. Stewart, un escritor estadounidense y profesor de la universidad de Berkeley en California, que en 1941 publicó la novela Storm. En dicha novela se cuenta, con buen pulso narrativo, la historia de una tormenta, desde su nacimiento como una pequeña perturbación al sureste del Japón hasta su terminación en forma de una potente tormenta destructiva que afecta a millones de personas en toda Norteamérica.
Un joven meteorólogo de San Francisco la detecta, la bautiza con el nombre de "María", y le sigue el rastro por el oceáno Pacífico a lo largo de doce días. Storm tuvo un gran éxito de público y sirvió para divulgar la meteorología y explicar cómo se forman las tormentas. También contribuyó a que el National Weather Service se decidiese a poner nombre a los huracanes importantes. Una alusión al ciclón de la novela la encontramos en la canción "Al viento …
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Pesquisas del abogado Stevens

Gambito de caballo (Knight's Gambit, 1949) es una colección de cinco relatos cortos y uno largo o novela corta (que da nombre al volumen) de naturaleza policiaca. Todos ellos están protagonizados por Gavin Stevens, licenciado en Filosofía por Harvard y Heidelberg, abogado y fiscal del distrito, que aquí ejerce labores detectivescas. Al comienzo del relato "Monje", el narrador, que en la mayoría de relatos es Charles Mallison, el sobrino de Stevens (que aparecía también en la novela precedente Intruso en el polvo), dice: "Porque es solo en la literatura donde las anécdotas paradójicas y a menudo mutuamente excluyentes de un alma humana pueden yuxtaponerse y amalgamarse, por medio del arte, en un todo de verosimilitud y plausibilidad."
Pero precisamente verosimilitud y plausibilidad faltan en varios de estos relatos de Gambito de caballo, sobre todo en el primero, "Humo", cuyo desenlace, a la manera de Poe o Conan Doyle, resulta a todas luces forzado y …

A vueltas con Chesterton

El suplemento "Babelia" del periódico El País del pasado sábado abría sus páginas bajo el titular: "El hombre que fue Chesterton". Al instante me dije: esto me suena: y me puse a mirar viejos papeles míos. Lo encontré. Con estas mismas palabras había titulado yo un artículo publicado en el suplemento "Cultura" de La Nueva España, el 13 de abril de 1990. Entonces aún no se había producido el "boom" del escritor inglés, y yo acababa de leer una biografía suya de Michael Coren titulada precisamente Gilbert: The Man Who Was G. K. Chesterton (Jonathan Cape, 1989).
De dicho artículo entresaco un fragmento en el que hacía referencia a su paso por Barcelona, Sitges y Madrid a mediados de los años veinte:
En Madrid dio una conferencia sobre la novela. Como en Barcelona sorprendió por su jocundia, brillante conversación, ingenio, sentido del humor y glotonería. Un sagaz periodista, Álvaro Alcalá-Galiano asistió a la conferencia y nos ha dejado su impresió…

Banalidad del mal

No es Bajo la mirada de Occidente (1911) una de las obras que primero se nos vienen a la mente cuando hablamos de Joseph Conrad. No es una de sus novelas del mar o de ambiente exótico que tanta nombradía le han dado. Sin embargo, es una de sus novelas más trabajadas y que en mejor consideración tenía el propio autor, por no hablar de la opinión de su amigo y colaborador Ford Madox Ford, para quien la citada novela era su mejor obra.
Bajo la mirada de Occidente retrata magistralmente el ambiente de los exiliados revolucionarios rusos en Suiza, antes de la revolución de Octubre y posterior guerra civil. El protagonista, el atormentado estudiante Razumov, es uno de los grandes personajes conradianos y, sin duda, el más dostoievskiano de todos. La mirada de Conrad disecciona el alma rusa como un experto cirujano, pero el público no acabó de entenderla. ¿Un escritor polaco, nacido en Ucrania y escribiendo en inglés sobre Rusia? Demasiado. Cuando se publicó fue un fracaso de ventas, si bien…

Definición de vida

Se procura hallar la definición de la vida en ciertas consideraciones abstractas, y me parece se encontrará en este principio general; la vida es el conjunto de las funciones que resisten a la muerte. Tal vez es en efecto el modo de existir de los cierpos vivos, que todo lo que les rodea tira a destruirlos: los cuerpos inorgánicos obran sin cesar sobre ellos, y ellos mismos y unos sobre otros exercen una acción continua, de suerte que perecerían bien pronto, si no tuviesen en sí un principio permanente de reacción. 

(Xavier Bichat, Investigaciones fisiológicas sobre la vida y la muerte, traducidas al castellano por don Tomás García Suelto. Imprenta de la Administración del Real Arbitrio, Madrid, 1806). .

Lamentos de Job en galés

Hace poco adquirí en la librería de segunda mano Troutmark ("Just one visit and you're booked"), de Cardiff, un ejemplar de la serie "Welsh Classics for the People", que editó en Oxford J. Gwenodvryn Evans, por suscripción, a finales del siglo XIX. La intención del profesor Evans con esta serie era presentar a un público no necesariamente académico obras clàsicas escritas en lengua galesa, tales como el Mabinogion o el Libro Negro deCarmarthen, poesías de antiguos bardos como Tudur Aled o Iolo Goch, o bien traducciones a dicho idioma de las Sagradas Escrituras.
El volumen en cuestión se imprimió en 1888 en la Clarendon Press, de Oxford, por Horace Hart, impresor de la Universidad, y reproduce la versión al galés que realizara el obispo William Morgan del Libro de Job, publicada originaknebte en Londres trescientos años antes. He aquí, a título de mera curiosidad, el inicio del Llyfr Iob: "Yr opeddgwr ybg-wlad Hus ai enw Iob: ac berffaith, ac yn iniawn, yn…

Plegarias del holandés errante.

"Tras siete años y tras otros siete años, anclaba en una bahía, viendo las vidas de los que envejecen y mueren, del los que sufren y mueren, de los que mueren. Reza día y noche, pero mis plegarias no son escuchadas. Hundiéndose en la helada oscuridad, en las profundidades insondables de las negras aguas que cubren el abismo del mar, en vano sus palabras buscan el oído de Dios." 

(James Mason en Pandora y el holandés errante, 1951. Guion y dirección de Albert Lewin).