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La Habana, hacia 1953

  -Qué ingenua parece esa puta de ciudad en la mañana -susurró Frank ensimismado, como si hablase consigo mismo- . Quién diría ahora que bosteza, borracha de su orgía... Capital del aborto, casino, burdel y fumadero de turista... mercado de carne negra para el puritano del norte... Lo bastante lejos para ser segura, lo bastante cerca para ser barata... Javana Kiuba, la mejor ganga que se ofrece en las agencias de turismo de la Quinta Avenida, Michigan Boulevard y Lincoln Road... Hello, baby. How's that cosmic cunt? -Frank... estás borracho. -Déjame, carajo. The has cansado de dar bofetadas a tu tierra. Ahora quiero darle unas cuantas a la mía... Ahí la tienes, John. Esa perla antillana que lleva cuatro siglos ahogándose en orgasmos venéreos de españoles, franceses, ingleses, holandeses, yanquis y criollos... Guarida de piratas, cazadores de esclavos, duquesa y prostituta, criadera de asesinos, cepo de mártires, cuna de poetas, Minerva y Mesalina, todo lo que odio y todo lo que amo.
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Tana de Gámez

  La primera vez que leí el nombre de Tana de Gámez fue en un número extraordinario de Cuadernos para el Diálogo , de mayo de 1969, dedicado a repasar los últimos treinta años de literatura española. En el artículo "La novela española en el exilio", su autor, Rafael Conte, justificaba haber puesto los límites de su revisión en los exiliados que escribieron sus obras en español, dejando fuera aquellos que habían elegido idiomas extranjeros, como Michel del Castillo el francés, o Tana de Gámez el inglés. Este último nombre no lo vería estampado en un libro hasta muchos años después, cuando en una librería de viejo en Gales me topé con una novela suya: The Yoke and the Star . Posteriores búsquedas en Internet me ha facilitado algunos, no muchos, datos sobre esta olvidada escritora.  Nacida probablemente en Andalucía en la tercera década del siglo XX, a los cinco años emigró con su familia a los Estados Unidos. Desde muy joven empezó a trabajar en el mundo del espectáculo como gu

Libros para uno mismo

                                                                                    Walter Benjamin (1892-1940)   Entre todas las formas de procurarse libros, la más gloriosa, se piensa, es la de escribirlos uno mismo. Muchos de ustedes recordarán con simpatía la inmensa biblioteca que, en su pobreza, reunió con el tiempo el maestro de escuela Wuz, en Jean Paul, escribiendo él mismo, ante la imposibilidad de comprarlas, todas las obras cuyos títulos le interesaban en los catálogos de feria. Los escritores son, efectivamente, personas que escriben libros no por pobrerza, sino por insatisfacción con los libros que podrían comprar pero no les complacen.  (Walter Benjamin, Desembalo mi biblioteca . José J. de Olañeta, Editor, 2012. Traducción de Fernando Ortega).

Comstock, el sanguinario

    La noche del 26  de enero de 1824, el Globe , un ballenero de Nantucket, surcaba las aguas del océano Pacífico a la altura de la isla Fanning, a una latitud 3º 51' latitud norte, y 159º 21' longitud oeste. Uno de los dos arponeros del barco, que son los que llevan el primer remo del bote cuando sale en pos de la ballena, Samuel B. Comstack, de 21 años, hijo de un maestro cuáquero de Nantucket y descendiente por parte de madre de los Mitchell, una familia de tanta raigambre en la isla como los Coffin, los Starbuck, los Gardner o los Macy, bajó al camarote poco después de las doce de la noche y, con una pequeña hacha, le partió en dos la cabeza al capitán mientras dormía, mató de la misma guisa al primer oficial de a bordo, se enfrentó a los dos oficiales que quedaban al grito de "Yo soy el sanguinario, tengo la mano ensangrentada y me vengaré", le disparó al tercer oficial con un mosquete, y dejó al segundo oficial de a bordo moribundo de las heridas que le produjo

Un poema de Clive James

  TIEMPO DE DESCUENTO Bonito truco del destino hacerme pensar en que podría fallecer mañana, y luego darme algo de tiempo. Siento que me quedé más de la cuenta. Cada noche me enfrento a la ascensión que parece una cuesta hacia los cielos: subir el Himalaya hasta mi cama,  muevo los pies como si los peldaños fueran troncos rodantes, y allí sueño que al alba sigo vivo y vuelvo abajo. Este sueño podría ser real, pero no perpetuarse. Mi libreta un día yacerá sin ser usada para mostrar el tiempo que tardó el silencio en cumplir su cometido.   (Clive James, Fin de fiesta. Últimos poemas . Pre-Textos, 2021. Traducción: Luis Castellví Laukamp). 

El fuego de la alegría

              Clive James (1939-2019) ( The Fire of Joy , Picador, 2020. Fotos: Izquierda, Desconocido; Derecha, Claerwen James)   Hasta hace muy poco no había en el mercado ningún libro del escritor Clive James traducido al español, una anomalía literaria realmente difícil de explicar. Finalmente esta clamorosa carencia se ha solventado gracias a la publicación, por parte de la editorial Pre-Textos, de una excelente selección bilingüe de sus últimos poemas titulada Fin de fiesta , a cargo de Luis Castellví Laukamp. Aunque nacido en Australia en 1939 Clive James vivió a partir de 1962 en Inglaterra, donde se dio a conocer como colaborador en prensa, televisión y radio. Escribió ensayos culturales, crítica literaria, libros de viaje, traducciones, novelas, letras de canciones y poemas. Entre sus cinco textos autobiográficos el más conocido es el primero, Unriable Memoirs (1980), que no ha dejado de reimprimirse desde entonces.  Pero sin duda su obra cumbre en prosa es Cultural Amnesia

Privilegios de galera

  Es previlegio de galera que las camas que allí se hicieren para los pasajeros y remeros no tengan pies ni cabeceras señaladas, sino que se echen a do pudieren y cupieren, y no como quisieren; es a saber, que a do una noche tuvieren los pies tengan otra la cabeza; y, si por haber merendado castañas o haber cenado rábanos, el compañero se le soltare algún... ya me entendéis, has de hacer cuenta, hermano, que lo soñaste y no decir que lo oíste. Es previlegio de galera que todas las pulgas que salten por las tablas y todos los piojos que se crían en las costuras y todas las chinches que están en los resquicios, sean comunes a todos, anden entre todos y se repartan por todos y se mantengan entre todos; y si alguno apelare deste previlegio, presumiendo de muy limpio y polido, desde agora le profetizo que, si echa la mano al pescuezo y a la barjuleta halle en el jubón más piojos que en la bolsa dineros (...) Es previlegio de galera que ni el capitán, ni el cómitre, ni el patrón, ni el pilot