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Libros y flores

¿Recordáis la época romántica? En los últimos destellos, que alcanzan a los recuerdos ya lejanos de mi niñez, ocurría que apenas podíamos coger un libro sin que entre sus páginas no encontráramos aprisionada una flor disecada o los pétalos de una flor que se deshojó y allí estaban aislados, marchitos y amarillentos. La flor predilecta era el pensamiento, porque tiene un nombre con significación simbólica (...)
Y hoy cuando la vida se ha hecho más dura, más áspera, más rígida e ingrata, queremos las flores más cerca y sobre la mesa de trabajo hay un búcaro con flores frescas. Lo queremos así, porque cuando por el trabajo el entendimiento se nubla y se fatiga nuestra vista, levantamos la mirada y viendo la frescura de las flores y aspirando su perfume, recibimos como un sedante a nuestro espíritu, a nuestra mente inquieta y fatigada.

(P. Gual Villalbí, Meditaciones sobre el libro. Nuevo árbol del bien y del mal. Conferencia dada con motivo del la Fiesta del Libro en el Palacio de la Ca…
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Xibia colosal

La existencia de algunas especies enormemente grandes de la familia de la xibia en los mares indios y del norte no puede ponerse en duda; y, aunque se hayan hecho narraciones muy exageradas, hay motivos suficentes para creer que tales especies exceden en su tamaño a todas las vistas en las costas europeas. Un naturalista moderno distingue esta tremenda especie con el título de la xibia colosal, y parece muy dispuesto a creer cuanto se ha dicho acerca de sus estragos.
Un navegante del norte, llamado Dens, contó que perdió hace algunos años a tres marineros en los mares de África por la aparición súbita de un monstruo de esta naturaleza. El monstruo embistió al navío cuando, durante una calma, se encontraban limpiando los costados de la embarcación. La xibia colosal agarró con sus brazos a esos tres hombres y los sumergió debajo del agua, sin que pudieran liberarlos, a pesar de sus esfuerzos. En la lucha le cortaron un brazo, tan grueso como un palo de mesana, y las acetábulas, del tam…

A la hora de empezar un libro

"La dificultad de empezar un libro es conseguir el tono", reconoció Muriel. "Es como afinar. Se parece mucho a la música, un libro, ya sabes. Tienes que tener un equilibrio, un ritmo. Lo primero de todo, ¿vas a contarlo en primera persona? ¿Y qué clase de afinidad quieres atraer? Si quieres atraer una gran cantidad de afinidad hacia un personaje, la primera persona es imbatible. Si estás contándolo en tercera persona, ¿entonces quién eres tú? Tú no eres realmente el autor. Yo me llamo Muriel Spark y no es eso. Este es otro personaje en la novela que cuenta la historia: el narrador. Y tú tienes que decidir cuáles son sus valores, y desde qué punto de vista. Y hacérselo entender al lector."

(Alan Taylor, Appointment in Arezzo. A friendship with Muriel Spark. Polygon, Edimburgo, 2017).

Un poema de Brossa

CONTRABANDA

Carlomagno, rey de espadas
Alejandro, emperador de oros
David, sultán de copas
César, príncipe de bastos

Recortadlos, por favor, de las cartas
              para que puedan sentarse.


(druïda. Poemas de Joan Brossa y dibujos de Antoni Tàpies. CEGE, Creaciones Gráficas, S. A., Barcelona, 1984).

Manypeeplia upsidownia

(Edward Lear, Nonsense Botany, Frederick Warne, Londres, 1927)


Ser o no ser un caballero

Emma Stone: ¿Habéis venido a seducirme o a violarme?
Nicholas Hoult: ¡Soy un caballero!
Emma Stone: A violarme.

(La favorita, 2018, de Yorgos Lanthimos. Guion de Deborah Davis y Tony McNamara).

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…