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Escritores y lectores




Hay escritores cursis. Pedantes, abstrusos y lipogramáticos. Comerciales, oportunistas, basurillas, desvergonzados, fanáticos y rijosos. Escritores que no se toman en serio a sí mismos. Escritores que no saben poner las comas y escritores que buscan un sillón en la Academia. Juguetones y sesudos, rurales y anoréxicos. Exagerados, pretenciosos, llorones y autocompasivos. Escritores acojonados. macarras, alcohólicos, envidiosos, costumbristas y más pesados que un plomo. Preocupadísimos por la pela, la posteridad o los Me gusta. Escritores que parecen escribir en chino. Hiperactivos. Espectaculares. Gafapastras o de elegancia british. Escritores que le toman el pelo al lector o que hablan con la boca pequeña. De piñón. Soberbios y narcisistas. perezosos, engreídos, vanidosos, insoportables, muermos y jodidamente intelectuales... También hay escritoras con los mismos defectos.
    A menudo merecidamente se adorna al escritor con mil calificativos, pero el lector es siempre el lector a secas. Siempre tiene razón. Como el cliente de la pescadería que mira el ojo turbio del besugo. Su legitimidad nace del derecho que le da haber gastado tiempo y dinero. Haber arriesgado su felicidad (...) Los lectores con sus interpretaciones completan el significado de un texto: a veces el resultado es deslumbrante, otras veces, como decían en Amanece que no es poco, es el lector quien estropea el libro. Fomentar la soberbia del lector es una estrategia publicitaria de la sociedad de consumo. Cuendo escribo a veces me equivoco. Cuando leo también. Soy lectora, no cliente de un supermercado: me pone nerviosa que me doren la píldora.

(Marta Sanz, No tan incendiario. Periférica, 2014)

Comentarios

  1. Pues sí. A los lectores nos chulean porque nos dejamos.Les hacemos los parabienes a ciertos escritores que saben alimentar la vanidad del público. Que el lector sienta que pertenece a la élite culta e intelectual capaz de penetrar el sentido culto y trascendental de su escritura.
    Hay que alimentar la rebeldía sin descuidar la humildad lectora.
    Muy bien traído este texto, Jorge.

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  2. "Hay que alimentar la rebeldía sin descuidar la humildad lectora". Me parece perfecto.
    Saludos.

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  3. Bueno, no he caido todavía en esa tentación en la que algunos escritores venden su vida literaria. Soy bastante dura con ellos, además de no creerme la mitad de lo que dicen. Me gusta elegir y no dejarme llevar por tan pretenciosa apariencia.

    Un texto claro, como debe ser.

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  4. Guardar las distancias es cosa buena.
    Saludos.

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).