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El sueño de la India


En la India los sabios pueden provocar fuertes vientos. Por esa razón comen en secreto.

Hace tanto calor que a los hombres les cuelgan los cojones hasta las rodillas y han de atárselos y aplicarse ungüentos especiales.

No hay un solo sastre en la India, pues todos se pasean desnudos.

Allí hay una raza de gente que sólo mide treinta centímetros de estatura. Siempre tienen que estar atentos para que no se los lleven las cigüeñas. Alcanzan la madurez a los cuatro años de edad y son ancianos a los ocho.

En la India hay largas serpientes llamadas crocodilos que viven en tierra de día y en el agua de noche. En invierno no comen, sino que lo pasan tendidas, soñando. Matan hombres y, llorando, los devoran.

Hay hombres sin cabeza con ojos en el estómago.

Allí no hay adúlteros.


Y vi a uno de sus santones de pie, desnudo, de cara al sol cubierto con piel de pantera, y seguí mi camino. Dieciséis años después por casualidad regresé al mismo lugar y allí estaba, inmóvil.

(De "El sueño de la India (hacia 1492)", en Las cataratas, de Eliot Weinberger, Duomo Ediciones, Barcelona, 2012)

 

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