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La mujer de las luces

En el número 8 del Diario philosophico, medico, chirurgico, de D. Juan Galisteo y Xiorro, médico de la Corte, correspondiente al año de 1757, puede leerse una nota relativa a un curioso fenómeno de un cuerpo humano.
El caso refiere que una de las criadas de D. Juan Galisteo dióse cuenta en diciembre de 1748 que de sus sayas salía una cantidad de chispas, "como las que salen de los carbones suspendidos, y que además de esto veía una banda de luz semejante a una grande llama que se extiende." Prosigue el relator que, movido por la curiosidad, fue a ver a la criada una noche, "y delante de mi se quitó la saya. Luego que esta llegó al suelo, vi una luz semejante a la de aquellos gusanillos que llamamos luceros, de tres a cuatro pulgadas de ancho, especialmente en las extremidades, que correspondían a su vientre y riñones. No vi salir chispas, acaso porque el cuarto no estaba oscuro; pero aunque yo no las vi, dixo ella que las percibía."
¿Y cómo explica el doctor Galisteo tal fenómeno? Pues que "no pudiendo evaporarse en el ayre las emanaciones de su sangre caliente, por embarazarlo el frío exterior, se habían acumulado en sus vestidos en mayor abundancia; y teniendo la facilidad de frecuentar juntos en la lana caliente, con especialidad siendo agitada, producían este admirable efecto."


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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).