Ir al contenido principal

Tana de Gámez


 

La primera vez que leí el nombre de Tana de Gámez fue en un número extraordinario de Cuadernos para el Diálogo, de mayo de 1969, dedicado a repasar los últimos treinta años de literatura española. En el artículo "La novela española en el exilio", su autor, Rafael Conte, justificaba haber puesto los límites de su revisión en los exiliados que escribieron sus obras en español, dejando fuera aquellos que habían elegido idiomas extranjeros, como Michel del Castillo el francés, o Tana de Gámez el inglés. Este último nombre no lo vería estampado en un libro hasta muchos años después, cuando en una librería de viejo en Gales me topé con una novela suya: The Yoke and the Star. Posteriores búsquedas en Internet me ha facilitado algunos, no muchos, datos sobre esta olvidada escritora. 

Nacida probablemente en Andalucía en la tercera década del siglo XX, a los cinco años emigró con su familia a los Estados Unidos. Desde muy joven empezó a trabajar en el mundo del espectáculo como guitarrista y cantante. Acompañó a la Argentinita en una gira musical. Obtuvo una beca para estudiar en el Institute of Theatre Arts de Hollywood, interviniendo en varias películas como actriz. Durante la II Guerra Mundial sirvió en la OWI (Office of War Information). Como locutora y comentarista de radio trabajó en la Voz de America y en Radio Naciones Unidas. Después de la guerra viajó por diversos países del continente americano, Europa y Oriente Medio, escribiendo reportajes para diversas publicaciones hispanoamericanas. En 1948 el recién creado estado de Israel la contrató como relaciones públicas en Estados Unidos. Editó el Diccionario Internacional Inglés-Español de Simon & Schuster, y tradujo al inglés el libro de memorias Las sacas (Death Row. Spain 1936, 1968), del exiliado republicano Patricio Pedro Escobal, antiguo futbolista y capitán del Real Madrid. Fue también intérprete, conferenciante y galerista de arte. 

No es de extrañar que con tal bagaje vital su primera incursión en la ficción literaria contenga elementos autobiográficos. Like a River of Lions, aparecida en 1962, es una novela de ambientes artísticos y cosmopolitas, con dos escenarios principales: Madrid en los años treinta y Nueva York en los cuarenta. El protagonista es un español, Federico Rayneri, talentoso guitarrista profesional, que al final de guerra civil logra escapar de un pelotón de fusilamiento y se fuga a Estados Unidos. En Nueva York entrará en contacto con Farnsworth, un representante de artistas en cuyo sofisticado círculo de amistades figura Mercedes, una española judía dedicada al proselitismo sionista con la que vivirá un romance apasionado y en conflicto con sus aspiraciones profesionales. La novela va dirigida al gran público y no escatima escenas de sexo bastante explícitas para la época, así como referencias a la homosexualidad de algunos personajes, tanto hombres como mujeres. Like a River of Lions se convirtió en un best-seller, sobre todo a partir de su edición en Gran Bretaña y en paperback al año siguiente. Fue traducida a varios idiomas.  

 


Su segunda novela, The Yoke and the Star (1966), está ambientada en Cuba a principios de los años cincuenta, y tiene como trasfondo histórico la gestación del Movimiento 26 de Julio. Los protagonistas principales son un corresponsal norteamericano de una agencia de noticias en La Habana, su joven secretaria y su amante, un célebre pintor y activista, los cuales se verán involucrados en el asalto al Cuartel Moncada de Santiago y en la guerrilla de Sierra Maestra. Escrita con gran vigor narrativo, la novela proporciona un fresco realista de la situación de las isla en aquellos años dominados por la corrupción y la represión política, pero también por las ansias de libertad de la población sometida a la dictadura de Batista. Tana de Gámez tuvo oportunidad de conocer de primera mano este caldo de cultivo pre-revolucionario durante sus estancias en Cuba. Uno de sus amigos cubanos fue Carlos Franqui, autor de El libro de los doce (1968), cuya edición en inglés lleva una introducción de Tana de Gámez. 

 


Ambas novelas tuvieron versión al castellano, realizada por la propia autora, pero nunca se publicaron en España. Como un río de leones fue publicada por la Editorial Pleamar de Buenos Aires en 1964; El yugo y la estrella fue publicada por la editorial Joaquín Mortiz de México en 1968. Más que simples traducciones pueden considerarse verdaderas recreaciones. Gámez no escribió más novelas. En 1971 sacó otro libro a medio camino entre el reportaje y la biografía: Alicia Alonso: At Home and Abroad (1971). Todos los papeles y correspondencia generada en torno a este su último libro los donó a la Biblioteca Pública de Nueva York a mediados de la década de los setenta. Con el tiempo su nombre se fue desvaneciendo hasta prácticamente desaparecer. Por una esquela, pagada, en The New York Times sabemos que murió en 2003 y que dejaba una hermana, Mercedes (a quien dedicó Como un río de leones), y dos sobrinos. No hubo obituarios en los periódicos. 

En la dedicatoria de la edición mexicana de El yugo y la estrella la autora escribe: "A la memoria de Arturo Barea, cuyos libros y amistad contribuyeron a forjar a esta rebelde".

Comentarios

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.