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Tormenta


George Rippey Stewart (1895-1980)

El reciente paso de la borrasca "Ana" por la Península Ibérica me ha traído a la memoria el nombre de George R. Stewart, un escritor estadounidense y profesor de la universidad de Berkeley en California, que en 1941 publicó la novela Storm. En dicha novela se cuenta, con buen pulso narrativo, la historia de una tormenta, desde su nacimiento como una pequeña perturbación al sureste del Japón hasta su terminación en forma de una potente tormenta destructiva que afecta a millones de personas en toda Norteamérica.
Un joven meteorólogo de San Francisco la detecta, la bautiza con el nombre de "María", y le sigue el rastro por el oceáno Pacífico a lo largo de doce días. Storm tuvo un gran éxito de público y sirvió para divulgar la meteorología y explicar cómo se forman las tormentas. También contribuyó a que el National Weather Service se decidiese a poner nombre a los huracanes importantes. Una alusión al ciclón de la novela la encontramos en la canción "Al viento le llaman María", de la película musical La leyenda de la ciudad sin nombre (1969).
La novela de Stewart viene encabezada por una cita del Manual de Meteorología, de Sir Napier Shaw, que dice: "Toda teoría del curso de los acontecimientos en la naturaleza está necesariamente basada en algún proceso de simplificación de los fenómenos y es además, en cierta medida, un cuento de hadas".

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Nuevo libro

"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.