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El falso nuncio


Fue un hombre en estos reinos del Andalucía, natural de Huelva, de baja suerte, hijo de un cardador, que se llamaba Buitrago, a quien llamaron Elmicio, persona por este nombre conocido asaz, de fisonomía y figura rústica, de una caraza ancha y abobada (...) Dio en contrahacer y falsear bulas del Papa, y las firmas públicas y rúbricas de sus datarios; hácese Nuncio apostólico, y sabido que allá no lo había, entra a serlo en Portugal; despacha sus correos y aposentadores, y a fama del título busca dineros prestados...
Así quedó allí el invencionero donde estuvo dos años; puso en orden y concierto lo eclesiástico; reformó las religiones; hiço hacer al Rey monasterios y grandes y buenas obras pías; puso en aquel reino el Santo Oficio de la Inquisición; nadie administró como él su legacía; nadie la impetró tan mal (...) y pienso yo que muchos personajes andan entre nosotros falsos que por la autoridad de sus oficios nadie les examina los títulos.
Al cabo él fue preso, y sus Oficiales, que también vivían engañados, dados por libres y el descubridor solo muy mal açotado, que murió de los açotes, y el falso nuncio echado a galeras perpetuas, donde yo le vi en la galera capitana del príncipe.

(Luis Zapata de Chaves, Miscelánea (selección). Editorial Voluntad, Madrid, 1926) 

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