Ir al contenido principal

El viaje de D. Vicente

Vista panorámica de la Exposición Universal de París, 1867

El malagueño D. Vicente Martínez y Montes se fue en 1867 a dar una vuelta por Roma y París, aprovechando que en aquel momento ambas capitales estaban de moda por mor del centenario de San Pedro y la exposición universal, respectivamente. A resultas del viaje publicó al año siguiente, en su ciudad natal, el libro Roma y el centenario, París y la exposición de 1867, un tomo de más de trescientas páginas en el que cuenta su particular peregrinaje por aquellas tierras extranjeras.
En la "Introducción" el autor nos confiesa que, a parte de los motivos principales de dicho viaje, que eran ver al papa Pío IX y visitar la exposición parisiense, ha procurado también darle al cuerpo un poco del tono que con la edad se va gastando y que por medio de estos viajecitos se vigoriza; pero el muy pillín, después de haber dicho lo que dice parece arrepentirse y nos advierte acerca del viaje : "¡Pero qué de esfuerzo me ha costado el emprenderlo!. Yo que amo con delirio a mi esposa y a mis hijos; que en los diecinueve años que llevo de tener familia me he consagrado a ella todo entero; que no me he separado de su lado... (Como bien dice F. Bello Sanjuán en Libros de viaje y libreros de viejo, se olvida D. Vicente de que éste es su segundo viaje). Y continúa compungido el autor: "...irme ahora, yo solo, dejando a estos seres tan amados, era terrible, me parecía y áun me parece una locura." Y uno se pregunta: Si tanto sacrificio le le suponía separarse de su amantísima familia, ¿por qué se fue?
El caso es que D. Vicente partió llevándose consigo un grueso cinturón en el que disimuladamente alojaba muchas monedas de a duro, pues hay que deducir que tonificarse y vigorizarse en París y en Roma debía costar lo suyo. Las cosas que vio en las grandes capitales visitadas nos las presenta Martínez con detalles exactos, a veces demasiado exactos ("La longitud del templo es de 186 metros, la de la nave transversal, 135; el ancho de la gran nave del centro, 28, y su alto desde el piso hasta la bóveda, 145"). Y, claro, como uno no imagina a D.Vicente tirando de metro en la basílica de San Pedro, hay que suponer que echó mano en abundancia del imprescindible Baedeker, que no era cosa de malgastar el tono y el vigor tan arduamente conseguidos.

Comentarios

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Álvarez Flórez

Hace unos días me enteré, por el artículo publicado en El Periódico ("Muerte de un traductor", de Silvia Cruz Lapeña) de la muerte, a finales del pasado mes de abril, de José Manuel Álvarez Flórez. Había nacido en Cangas del Narcea (Asturias) en 1939, aunque pronto se trasladó a Barcelona donde desarrolló durante décadas una ingente labor como traductor del inglés. A mediados de los años setenta se dio a conocer como narrador con Autoejecución y suelta de animales internos (Júcar, 1975) y  Girar de anarcos (Muchnik, 1981), dos novelas en la línea experimental en boga en aquela época. Más tarde publicaría El delirio de Conan y otros relatos (Muchnik, 1990).    Como traductor trabajó para varias editoriales, entre las que se cuentan, a parte de Muchnik, Acantilado y Anagrama. Tradujo a un gran número de autores: Faulkner, Scott Fitzgerald, Steinbeck, Capote, Doris Lessing, E. M. Foster, Vonnegut, Bukowsky, John Kennedy Toole, Le Carré, Oliver Sacks, Tom Wolfe, etc. La Bibli