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Conradiana: Addenda

Un amigo seguidor de estas entradas me pregunta cuál es la obra de Joseph Conrad que prefiero. La respuesta es difícil teniendo en cuenta que de Conrad me gusta todo. No obstante, si tuviera que dar un solo título tal vez me inclinara por La línea de sombra. Puede que no sea tan apreciada o popular como otras novelas suyas, pero mi primera lectura, realizada a una edad en la que el significado de aquella novela se me reveló en toda su plenitud, dejó en mí una huella indeleble. Más fácil me resulta dar una lista de obras preferidas. Este podría ser, hoy por hoy, mi canon conradiano:

Novela: Lord Jim
Novela corta: Tifón
Relato: “El copartícipe secreto”
Libro de relatos: Youth and other stories (contiene “Juventud”, “El corazón de las tinieblas" y "El cabo de la cuerda”)
Libro de “no ficción”: El espejo del mar

Ahora bien, si tuviera que elegir no ya una obra sino un libro en concreto, entonces sin dudar escogería un título de Conrad que raramente aparece en su bibliografía: Notes on my Books. Hacia el final de su vida el editor londinense William Heinemann le propuso reunir los prefacios que había ido escribiendo a sus principales obras, desde La locura de Almayer hasta Notas de vida y letras, en un volumen pensado para el público bibliófilo. Conrad, cuya economía nunca fue boyante, aceptó, y en 1921 se publicó el libro. Para Inglaterra se hizo una edición limitada de 250 ejemplares, numerados y firmados por el autor. Mi ejemplar es el número 155. Lo adquirí hace unos años, por un precio razonable, a un librero anticuario inglés. Naturalmente ocupa un lugar de honor en mi biblioteca. De vez en cuando lo saco del estante y lo hojeo; me detengo y leo un par de párrafos. Allí están sus ideas sobre la novela, la literatura, la vida y el oficio de escribir. Luego voy a la página donde se halla la firma de Josep Conrad, en tinta azul de grueso trazo, algo desvaída por el paso del tiempo. Entonces pienso que una vez aquel mismo ejemplar que tengo yo entre mis manos debió de estar en las suyas; y siento, disculpadme, una emoción muy especial.

Comentarios

  1. Envidia: no me extraña que sientas esa emoción. Gracias por compartirla. Un abrazo.

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  2. Se hará caso del vademecum conradiano. De cualquier manera, la serie ya me había metido en ganas. Ayer tarde casi acabé La línea de sombra, en la edición que para Cátedra hizo Javier Sánchez Díez. Tengo preparada la relectura de El corazón de las tinieblas. Hay por casa una vieja y ajada publicación de Alianza Editorial.
    Un abrazo.

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  3. Cualquier oportunidad es buena para leer o releer a Conrad. Siempre descubre uno aspectos nuevos o nuevos enfoques.Por cierto se acaba de publicar la biografía de Conrad de John Staple, una excelente introducción al conocimiento de su persona.
    Un abrazo.

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  4. Perdón, el nombre es John Stape, y el título "Las vidas de Joseph Conrad".

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  5. Ahora empiezo a entender tus recorridos por las librerias de "viejo"

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).