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Una de las ventajas del lector es la de poder hojear un libro antes de comprarlo. Uno entra en una librería, se acerca a un estante o a un expositor, coge un libro que le ha llamado la atención por el autor, el título, la portada, el formato o las frases elogiosas en la solapa. Lo abre, lo hojea, se detiene ahora aquí, ahora allá y lee unas frases sueltas (nunca el final, por si acaso). Yo suelo leer la primera frase. Es un criterio, como otros. Si me gusta, lo que viene detrás puede que también me guste. Pero no hay ningún método infalible, y la intuición juega casi siempre un papel decisivo.
El profesor John Sutherland, en su libro How to Read a Novel. A User's Guide (2006), recomienda para estos casos el test de Marshall McLuhan. Se trata de ir a la página 69 de un libro y leerla. Si la página gusta, comprar el libro. Dice Sutherland que funciona.

Comentarios

  1. Nunca lo he probado pero lo haré. Yo me dejo guiar por la primera frase, desde luego, aunque un formato y una tipografía cuidados me parecen (aunque no lo sean siempre) indicativos del cuidado que se pone para presentar el contenido y, por lo mismo, de su importancia.
    Saludos.

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  2. No hablé de los aspectos estéticos del libro (como objeto), que por supuesto me parecen decisivos, al menos para mí. Entre una edición descuidada y otra cuidada, no hay color.

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).