Ir al contenido principal

69

Una de las ventajas del lector es la de poder hojear un libro antes de comprarlo. Uno entra en una librería, se acerca a un estante o a un expositor, coge un libro que le ha llamado la atención por el autor, el título, la portada, el formato o las frases elogiosas en la solapa. Lo abre, lo hojea, se detiene ahora aquí, ahora allá y lee unas frases sueltas (nunca el final, por si acaso). Yo suelo leer la primera frase. Es un criterio, como otros. Si me gusta, lo que viene detrás puede que también me guste. Pero no hay ningún método infalible, y la intuición juega casi siempre un papel decisivo.
El profesor John Sutherland, en su libro How to Read a Novel. A User's Guide (2006), recomienda para estos casos el test de Marshall McLuhan. Se trata de ir a la página 69 de un libro y leerla. Si la página gusta, comprar el libro. Dice Sutherland que funciona.

Comentarios

  1. Nunca lo he probado pero lo haré. Yo me dejo guiar por la primera frase, desde luego, aunque un formato y una tipografía cuidados me parecen (aunque no lo sean siempre) indicativos del cuidado que se pone para presentar el contenido y, por lo mismo, de su importancia.
    Saludos.

    ResponderEliminar
  2. No hablé de los aspectos estéticos del libro (como objeto), que por supuesto me parecen decisivos, al menos para mí. Entre una edición descuidada y otra cuidada, no hay color.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.