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Una de las ventajas del lector es la de poder hojear un libro antes de comprarlo. Uno entra en una librería, se acerca a un estante o a un expositor, coge un libro que le ha llamado la atención por el autor, el título, la portada, el formato o las frases elogiosas en la solapa. Lo abre, lo hojea, se detiene ahora aquí, ahora allá y lee unas frases sueltas (nunca el final, por si acaso). Yo suelo leer la primera frase. Es un criterio, como otros. Si me gusta, lo que viene detrás puede que también me guste. Pero no hay ningún método infalible, y la intuición juega casi siempre un papel decisivo.
El profesor John Sutherland, en su libro How to Read a Novel. A User's Guide (2006), recomienda para estos casos el test de Marshall McLuhan. Se trata de ir a la página 69 de un libro y leerla. Si la página gusta, comprar el libro. Dice Sutherland que funciona.

Comentarios

  1. Nunca lo he probado pero lo haré. Yo me dejo guiar por la primera frase, desde luego, aunque un formato y una tipografía cuidados me parecen (aunque no lo sean siempre) indicativos del cuidado que se pone para presentar el contenido y, por lo mismo, de su importancia.
    Saludos.

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  2. No hablé de los aspectos estéticos del libro (como objeto), que por supuesto me parecen decisivos, al menos para mí. Entre una edición descuidada y otra cuidada, no hay color.

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"Este texto es la historia del reencuentro con un autor que me ha acompañado con intermitencias durante cincuenta años, y cuya vida, personalidad y obra literaria me resultan especialmente fascinantes. Pero no es solo eso. En cierta forma Prokosch también es el pretexto para hablar de escritura y libros. Del oficio de escritor. Del éxito y del fracaso. De críticas y rechazos. De realidad y ficción. Del azar. De máscaras. Esto es, de vida y literatura."


Cuando se apaga la luz

"Ningún hombre es listo cuando una mujer apaga la luz".

(Barry Sullivan en Mujer inteligente, 1948, de Edward A. Blatt. Guion de Alvah Bessie y otros).

Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.