La Gran Conmoción
Y como si una mano titánica, la mano de un cíclope, asomara del agua y ofreciera a los mortales el espectáculo seminal e irrepetible de su maravilla, durante un lapso de tiempo legendario, de una pureza, de una severidad y de una audacia que el lenguaje no alcanza a agotar ni a expresar, la cúpula de Santa Maria della Slaute brota de las aguas de la Laguna exenta y admirable, recordando el caparazón de una tortuga cosmogónica o el diseño de una absurda, desmesurada copa de hielo. El domo pulcro y, a la vez, erosionado, marmóreo en su conjunto pero veteado por las algas y por las colonia de moluscos, se expone ante nuestros ojos con la enigmática ligereza de una roca que alzara el vuelo, de un aerolito fulgurante, de una montaña desgajada de su base. Un fragmento de nuestro mundo sólido e irrefutable conculca todos y cada uno de los principios conocidos de la física. Y en esta negación dilatada, en esta confabulación de la materia, en esta inversión de los dogmas que hasta hoy han regido la historia pública de los cuerpos, más allá de la levitación sin juicio de una estructura que pesa miles de toneladas, Venecia entera se convierte durante este fenomenal paréntesis en una entidad ajena a las coordenadas del juicio de la razón e ignorante de las férreas categorías newtonianas.
(Ricardo Menéndez Salmón, Arca. Seix Barral, 2026).

A mí me parece Salmón está parafraseando en el último párrafo a William Blake, a quien se le atribuye la frase: "que Dios nos mantenga alejados de la visión única y el sueño de Newton".
ResponderEliminarUn enfoque, que por cierto, comparto.