El pistolero que sabía latín
-Soy un hombre extremadamente pacífico -dije con toda suavidad-. Como dice San Agustín, la ira es el reflejo de la barbarie y una enfermedad del espíritu que nos coloca en las manos de Satanás irrevocablemente; por eso evito, siempre que puedo, el dejarme dominar por ella, ¿Comprendes?
Habida cuenta de que cité a San Agustín en latín, era lógico que mis interlocutores quedaran boquiabiertos. El matón estalló, al fin:
-¿Qué m... de lengua es ésa?
Disparé mi puño derecho de abajo a arriba, en un gancho corto perfectamente medido que lo alcanzó en el mentón cuando aún no había terminado de hablar y lo envió, tan aturdido como dolorido, contra uno de los postes de adobes que sostenían el piso alto. Para cuando quiso echar mano a su revólver ya tenía el mío apuntándole al estómago, de modo que se quedó muy quieto, haciendo muecas doloridas y conteniendo la respiración.
(Cliff Bradley, Sendas de ira. Bruguera, 1980).

Dudo mucho que exista un oficio más gregario que el de matón y la posibilidad de encontrar un políglota entre uno de éstos especímenes es bastante remota. Hubiera estado mucho más acertado, sin embargo, citando a San Agustín cuando afirma:
ResponderEliminar"Ama y haz lo que te plazca"
Aunque es difícil que una sensibilidad tan roma y atrofiada como la que nos ocupa lograra aprehender el contenido del aserto en su totalidad, al menos no le hubiera exigido un esfuerzo reflexivo tan ingente como para no ser capaz de ser procesado por su minúsculo cerebro trumpiano.