Primeras veces
Atravesó la calle Gonzalo Bilbao catalogando primeras conquistas: Primer pelo púbico del cine europeo, si no pestañeabas, en Blow Up, y primera polla la de Terence Stamp en Teorema; primera vez que alguien emite en la pantalla el verbo bugger off (irse a tomar por el culo, aclararía a la audiencia), Burton en ¿Quién teme a Viginia Woolf? (no en el doblaje nacional, claro), primer fuck en Ulysses de Joseph Strick, que ya había sido un pionero con el primer beso lésbico en The Balconny (...). Primera alusión a un preservativo, Alan Bates comprando, avergonzado, un condón en la tristísima A Kind of Loving, de Schlesinger, y el primer beso homosexual se lo roba Rod Steiger a John Philip Law en The Sergeant, pero hay que esperar al cambio de década para que John Schlesinger de nuevo, un rompedor, acueste en la misma cama a Peter Finch y Murray Head en Sunday, Bloody Sunday.
(José María Conget, Adiós. Editorial Pre-Textos, 2025).

En un tiempo en el que el cine está instalado, mayormente, en la nulidad más vacua, no llegando ni a anestesiar ni a evadir de una realidad cada vez más ridículamente penosa, con carteleras plagadas de remakes de segundas partes de alguna que otra saga otrora exitosa, resulta gratificante atender a ésta breve recopilación, un tanto sensacionalista, de hitos cinematográficos. Ahora que todo parece estar debidamente calculado y medido por los artefactos culturales culturales paridos por la economía corporativa cuya burda aspiración es imponer una uniformidad sin brillo, colonizar la mente y erosionar la capacidad de pensar libremente no está de más recordar apuestas arriesgadas que, en su momento rompieron moldes y acercaron otras realidades un público mayoritario.
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