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Imperecederos textos roqueños

Federico de Botella y de Hornos (1822-1899)


Saber de saberes, la geología aplicada a la paleogeografía se convertía en una poderosa herramienta en manos de agudos observadores y arriesgados hermeneutas como Federico de Botella, a cuyo entender,

... en las alteraciones de costas, fronteras y territorios, en los cambios de la forma, situación y relaciones de los múltiples accidentes orográficos, el historiador ha de encontrar con seguridad la causa de conexiones oscuras y enigmáticas, la explicación de extrañas migraciones y la solución de no pocos problemas no alcanzada todavía por desconocerse el valor de los factores o no fijarse debidamente en esos imperecederos textos roqueños que por bruscos y potentes que hayan sido los trastornos de la corteza terrestre, han quedado siempre como hitos más o menos marcados por donde puede enlazarse el pasado con el presente.

Elocuente y visionario, historiador de la península remota y hombre preocupado por la desertificación avant la lettre, Botella buscaba "esclarecer las relaciones que nos unieron a algunos otros territorios y arrojar alguna luz sobre no pocos de los problemas físicos que presenta la estructura de nuestra Península, descifrando aquellas "conexiones oscuras y enigmáticas" y enlazando efectivamente "el pasado con el presente". Lo hizo, sin duda, e incluso avanzó otras preocupaciones, formando estampas que evocan esa imagen genuina de la meseta, el interior peninsular como un mar petrificado, el símil persistente de la soledad (y la sed) de quien está rodeado de un paisaje árido o en mitad del océano, el imaginario noventayochista que Sergio del Molino ha recreado recientemente en su estimulante ensayo La España vacía.

(Juan Pimentel, Fantasmas de la ciencia española. Marcial Pons-Fundación Jorge Juan, Madrid, 2020).

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