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En compañía de rocas



Es interesante hacer notar que, mientras los científicos prominentes en otros campos tienden a hacer sus contribuciones más revolucionarias entre los 20 y los 30 años de edad, los geólogos maduran más gradualmente y suelen hacer su trabajo más importante en una etapa posterior de su carrera, después de toda una vida pasada en compañía de las rocas.
La evolución de la geología ha sido similar. Las simplistas ideas victorianas sobre el planeta -el dogma del uniformismo estricto, la creencia en los continentes fijos, la negación de las extinciones masivas- han cedido el paso a una comprensión más sutil y humilde de una Tierra que tiene muchos estados de ánimo y semblantes, y que todavía alberga profundos secretos. Para mí, la geología señala hacia un camino intermedio entre los pecados del orgullo narcisista respecto de nuestra importancia y la desesperación existencial por nuestra insignificancia. Una enseñanza atribuida a Simcha Bunim, un rabino polaco del siglo XVIII, afirma que todos deberíamos llevar dos hojas de papel en nuestros bolsillos, una que diga "Soy cenizas y polvo" y otra que diga "El mundo fue hecho para mí".

(Marcia Bjornerud, Conciencia del tiempo. Por qué pensar como geólogos puede ayudarnos a salvar el planeta. Traducción de Mario Zamudio Vega. Libros Grano de Sal, Ciudad de México, 2019).   

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