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Una lectura de campaña

Italo Calvino (1923-1985)


Acabo de leer un libro muy adecuado para estos días de campaña (oficial): La jornada de un interventor electoral. Aunque escrita en 1953, Italo Calvino no publicó esta novela hasta diez años después, tras haber dado a la luz en los años cincuenta su formidable trilogía "Nuestros antepasados" (El vizconde demnediado, El barón rampante y El caballero inexistente). Én España fue publicada en edición de bolsillo por Bruguera en 1981, tarducida por Francesc Miravitlles.
En La jornada de un interventor electoral Calvino se aparta del tono fantástico de sus obras anteriores, pero conserva su acerado espíritu crítico. Apenas 150 páginas le bastan al autor para abordar, con su aguda visión de la realidad, el asunto de unas elecciones democráticas, la lucha por el voto y la crisis de las ideologías. El protagonista, Amerigo Ormea, es un gris y honrado militante comunista de Turín que en las elecciones generales de 1953 es nombrado por su partido interventor en una mesa electoral. La mesa la preside un demócrata-cristiano. Hasta aquí nada de particular, solo que el colegio electoral al cual es asignado Ormea está situado en el Cottolengo, enorme hospicio "cuya misión es dar asilo, entre otros muchos infelices, a los disminuidos físicos, a los deficientes mentales, a los deformes, y así hasta los seres escondidos que no se permite ver a nadie". Ya se pueden imaginar por dónde va los tiros.
Al inicio de la novela escribe Calvino:
"Él, Amerigo, había aprendido que en política los cambios se producen por caminos largos y tortuosos, y que no hay que esperarlos de un día para otro, como por un golpe de fortuna; para él, como para tantos otros, adquirir experiencia había significado volverse un poco pesimista."

Comentarios

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

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El Centauro

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