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Historias de inquietud



La primera edición española de Cuentos de inquietud de Joseph Conrad fue la de la editorial Montaner y Simón en 1928, con traducción de Marco-Aurelio Galindo y Cipriano Rivas Cherif. De los cinco relatos cortos que contiene el libro, dos de ellos ("An Outpost of the Progress" y "The Lagoon") fueron traducidos al catalán y publicados en noviembre de 1936 bajo el título de Dues històries d'inquietud, en Edicions de la Rosa dels Vents. 
El pequeño volumen en rústica constituye el nº 136 de los Quaderns Literaris, que dirigía Josep Janés i Olivé. Como traductores de los cuentos figuran Francesc Detrell y Ramon Esquerra. Este último era en aquel momento uno de los más prometedores valores de las letras catalanas, y diez años antes había publicado en la revista D'Ací i D'Allà, su versión de "Evelina", cuento perteneciente a Dublineses de James Joyce, el primero que del autor irlandés se publicaba en España. Esquerra, otro valor en alza, moriría con apenas treinta años en la batalla del Ebro en 1938. A ellos dos se debe la traducción de "Una avantguarda del progrés". La traducción del otro cuento, "La llacuna", corresponde a Josep Maria Millàs-Raurell, autor también del breve estudio biográfico sobre Joseph Conrad que se reproduce a modo de prólogo, y que había escrito años antes a raíz de la muerte del escritor inglés.  
Un aspecto curioso de este libro es que en la última página hay una inusual nota de Janés, "Als nostres amics" -o sea sus lectores-, que refleja la penuria por la que estaba pasando el sector editorial catalán a solo cuatro meses de comenzada la guerra civil. Dice Janés (traduzco):

Otra vez hemos de pedir excusas a nuestros amigos. Puestos a escoger entre suspender los "Quaderns" o cambiar una vez más el formato, a causa de la medida del único papel que nos ha sido posible obtener, hemos preferido someter a nuestros amigos -y someternos nosotros mismos- a una nueva prueba, y variar una vez más -y ojalá que para siempre- la medida de los "Quaderns". Tengan presente nuestros lectores, la fidelidad de los cuales no sabríamos como agradecer, que en cuanto las circunstancias nos ayuden sabremos compensarles de los sacrificios que hoy nos vemos precisados a hacerles compartir. Tenemos grandes empresas en perspectiva sobre las cuales pensamos poder darles noticias muy pronto.


Eran tiempos de inquietud, y Janés tendría que esperar a que acabase la guerra para volver a poner en marcha sus "grandes empresas". 

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