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Libros y flores




¿Recordáis la época romántica? En los últimos destellos, que alcanzan a los recuerdos ya lejanos de mi niñez, ocurría que apenas podíamos coger un libro sin que entre sus páginas no encontráramos aprisionada una flor disecada o los pétalos de una flor que se deshojó y allí estaban aislados, marchitos y amarillentos. La flor predilecta era el pensamiento, porque tiene un nombre con significación simbólica (...)
Y hoy cuando la vida se ha hecho más dura, más áspera, más rígida e ingrata, queremos las flores más cerca y sobre la mesa de trabajo hay un búcaro con flores frescas. Lo queremos así, porque cuando por el trabajo el entendimiento se nubla y se fatiga nuestra vista, levantamos la mirada y viendo la frescura de las flores y aspirando su perfume, recibimos como un sedante a nuestro espíritu, a nuestra mente inquieta y fatigada.

(P. Gual Villalbí, Meditaciones sobre el libro. Nuevo árbol del bien y del mal. Conferencia dada con motivo del la Fiesta del Libro en el Palacio de la Caja de Ahorros de Sabadell el día 4 de mayo de 1942, Sabadell, Imprenta de Juan Sallent, 1943).

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

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En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
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