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Desde su exilio mexicano Luis Cernuda se acuerda de Torremolinos



En octubre de 1956 Luis Cernuda escribe, desde su domicilio en Coyoacán, México, D.F., una carta a su amigo el poeta, impresor y alma de la revista "Caracola" Bernabé Fernández-Canivell. En la carta, tras resumirle en unas pocas frases sus estancias en Inglaterra, Estados Unidos y México, le dice: "Bernabé, tú sabes que yo no publico nada en España; la única excepción fueron dos cosas que di en Ínsula hace tiempo, aunque luego me he arrepentido por razones largas de explicar. Si la revista que me enviaste la publicaras tú solo; quiero decir que tu nombre solo apareciera en el Comité de Redacción, tendría mucho gusto en enviarte algo. Déjame que lo piense y perdóname que no te envíe ya algo sin más dilación." Hacia el final de la carta le recuerda a su amigo que una narración suya, "El indolente", tiene como fondo Torremolinos. Y añade: "Me dicen que está muy cambiado. Cuánto tiempo ha pasado desde que estuve allí."
Esta carta de Luis Cernuda fue publicada por primera vez en agosto de 1987 en la imprenta Dardo de Málaga, antes Sur, por los hermanos Andrade. Al cuidado de la edición estuvo Rafael Inglada, y constituye el número 8 de la colección "El Camaleón". Se trata de una única cartulina blanca de 27,5 x 21,5cm, doblada, con el texto en rojo, y enfundada en una sobrecubierta que lleva una ilustración de Pepe Bornoy. No especifica la tirada, pero debió de ser corta (mi ejemplar es el 119). 

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).