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Viento en los tuétanos


El efecto inmediato de su desobediencia fue la introducción por primera vez en Adán de la sensación de hastío. En el mismo momento en que comió del fruto, toda su alegría desapareció y la melancolía coaguló su sangre, igual que la luz desaparece cuando soplamos una vela, dejando el pabilo enrojecido y humeante, echando mal olor. Y hubo otra consecuencia sorprendente: Adán había conocido anteriormente los cantos de los ángeles y su propia voz era melodiosa en un grado sublime. Después de su pecado, sin embargo, se le metió en los tuétanos un viento horrendo que sigue estando hoy en día en todos los varones. Ese viento en los tuétanos convirtió su maravillosa voz en el sonido propio de los escarnios y los berridos más escandalosos. Tras los grandes ataques de risa espasmódica, se le llenarían los ojos de lágrimas, del mismo modo que la espuma de semen es expulssada en el ardor del placer sexual.

(Hildegarda de Bingen, citada en: Stephen Greenblatt, Ascenso y caída de Adán y Eva. Traducción de Juan Rabasseda, Editorial Crítica, 2018).

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Mayo del 68: Una visión

"Estoy convencido de que de no haber sido bueno el tiempo reinante durante el mes de mayo, la revolución no se hubiera podido hacer. Quizás se hubiera reducido a unas cuantas escaramuzas. La lluvia y el frío suelen atenuar los ánimos revolucionarios más que ninguna otra cosa. Sé que esto podrá resultar cínico, pero yo creo que es verdad. La policía de París también compartía mi opinión.  Tengo entendido que los oficiales de la Prefectura se reunían todos los días para estar al corriente de los boletines meteorológicos." Quien así habla es el periodista Jack Hartley, narrador y uno de los protagonistas de la novela El alegre mes de mayo (1971), del escritor estadounidense James Jones.
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Diálogo entre un tirano y un poeta en torno a la literatura

-Bueno, a ver, ¿qué haces?
-Perdona, Schiavón, estaba pensando en voz alta.
-No, si por mí, puedes seguir.
-Le daba vueltas a la retórica.
-¿...?
-Es que yo entiendo que la literatura -y creo que todo es literatura- se nutre de tres componentes que, por orden de importancia, son: la retórica, la sensibilidad y la inteligencia.
-Desmenuza, por favor.
-Entiendo por retórica el dominio del lenguaje; por sensibiliodad, la capacidad de sorprenderse y fabular; por inteligencia el saber ordenar lo escrito.
-Arnaldo..., me da la sensación de que todos los que habláis de literatura decís excactamente lo mismo.
-Siempre se dice lo mismo.
-Entonces, ¿por qué estamos perdiendo el tiempo?
-Tú no ganas ni pierdes el tiempo.
-Bueno, era una forma de expresarme.
-Exactamente..., como todo. La literatura es el catálogo de las formas de expresarse.
-Luego... ¿todas las obras dicen lo mismo?
-Se diferencian en el número de palabras que necesitan para decirlo y en el orden que se establece entre ellas.