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Un poema de Propercio


ELEGÍA II, 25. (Renuncia de amor)

Era yo blanco de la risa en los banquetes después de servida
la mesa, y cualquiera podía ser chistoso a mi costa.
Cinco años he sido capaz de ser tu esclavo:
muchas veces lamentarás mi fidelidad mordiéndote las uñas.
No me conmueven tus lágrimas: prisonero he sido de tales
artimañas; siempre sueles, Cintia, llorar para tender trampas.
Lloraré yo al marcharme, pero el ultraje es mayor que el llanto:
que tu no dejas que marche el yugo que bien iba.
Adiós ya, umbrales que nuestras palabras hicieron llorar,
y adiós, puerta no abatida, pese a todo, con mano airada.
¡Pero que a ti te abrume la vejez con años
y que lleguen las siniestras arrugas a tu figura!
¡Que entonces ansíes arrancar de raíz los cabellos blancos,
ay, mientras el espejo te reprocha tus arrugas,
y, rechazada, tengas que sufrir en propia carne la soberbia
altivez, y, vieja, te lamentes de lo mismo que tú hiciste!
Estas maldiciones funestas te ha cantado mi poesía:
¡aprende a temer el fin de tu hermosura!

(Sexto Propercio, Elegías, Editorial Gredos, 2008. Traducción: Antonio Ramírez de Verger).
 

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Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
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Nadie acaba como empieza

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).