Ir al contenido principal

Un titán

Honoré de Balzac (1799-1850)


En la historia de la literatura hay muchos grandes escritores; pero gigantes, lo que se dice gigantes, hay bastantes menos. Balzac es uno de ellos.
En Titans of Literature (1932), Barton Rascoe no se olvidó del francés, y le dedica un capítulo bajo el epígrafe de "Balzac, el historiador". De él dice: "Balzac reprodujo en sus novelas cada manifestación de la sociedad de su tiempo. Los futuros estudiantes de este período recurrirán a Balzac, y no a los historiadores, para aprender cómo era la vida en París durante gran parte del siglo XIX. Era un observador meticuloso; era un cronista fiel; y tenía sentido del drama". De hecho no ha habido proyecto o designio tan vasto y tan ambicioso en el campo de la ficción como el que planteó y llevó a cabo Balzac con su ciclo narrativo de la Comedia Humana. Balzac es en sí mismo un mundo; y la Comedia Humana, una literatura entera.
Y, sin embargo, la reputación de Balzac como escritor tardó en llegar. En su época la mayor parte de los críticos lo atacaron y desdeñaron sus novelas, principalmente a causa de su escritura, poco cuidada y elegante de acuerdo con sus finos paladares. Afortunadamente, su apreciación hace tiempo que ha cambiado pero, pese a la actual reorientación crítica, todavía hay lectores renuentes que consideran al autor de Las ilusiones perdidas, un escritor de estilo un tanto tosco y desarreglado, casi pedestre en ocasiones.
Recuerdo que en la Historia de la Literatura (Editorial Luis Vives, 1958), que cursé en 6º de Bachillerato, el anónimo autor del manual se despachaba diciendo: "Balzac como escritor carece de estilo". Lo que no deja de ser cierto si por "estilo" entendemos el uso, entre otros rasgos, de una prosa campanuda o refitolera. Al fin y al cabo como decía Azorín: "El estilo no es nada. El estilo es escribir de tal modo que quien lea piense: Esto no es nada. Que piense: Esto lo hago yo. Y que, sin embargo, no pueda hacer eso tan sencillo -quien así lo crea-; y que eso que no es nada, sea lo más difícil, lo más trabajoso, lo más complicado".
Sea lo que fuere, con estilo o sin estilo, Balzac es un titán de la literatura.  

Comentarios

  1. Vuelvo siempre a Balzac, es un prodigio. Su producción y su fina percepción psicológica es digna de admiración. Precisamente estos días estoy leyendo sus Cuentos droláticos, menos conocidos que el resto de su obra, pero tan cautivadores que cuesta dejar la lectura.

    ResponderEliminar
  2. Yo también vuelvo a Balzac, después de haberlo tenido "abandonado" demasiado tiempo. Pero es lo que tienen los grandes maestros: siempre están ahí, esperándote.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Criterion

  Sin lugar a dudas, The Criterion , fundado y editado por T. S. Eliot en 1922, es una de las mejores revistas literarias británicas del siglo XX. La nómina de colaboradores que tuvo este magazine trimestral, hasta su último número publicado en 1939, conforma un catálogo bastante representativo de lo más granado de la intelectualidad, no solo británica, del período de entreguerras. En sus páginas escribieron luminarias como Pound, Yeats, Proust o Valéry, por citar solo cuatro.   El primer número de The Criterion , salido en octubre de aquel annus mirabilis , es realmente impactante y marca el sello característico de su editor, expresado a través de sus "Commentary"; a saber, la compatibilidad entre una ideología ideología católica y conservadora y una defensa a ultranza de la vanguardia modernista. En este ya mítico número 1, se incluye, por ejemplo, la primera aparición en letra impresa de The Waste Land de Eliot, y la crítica encomiástica de Valéry Larbaud del Ulises, de

Premio Nadal 1944

El jurado del primer Premio "Eugenio Nadal" (Café Suizo, Barcelona, 6 de enero de 1945). De izquierda a derecha: Juan Ramón Masoliver, Josep Vergés, Rafael Vázquez Zamora, Joan Teixidor e Ignacio Agustí.  En un artículo titulado "Premios literarios, cartas marcadas", publicado recientemente en un diario digital su autor Daniel Rosell analiza el trasfondo de premios tan prestigiosos como el Nadal y el Planeta a lo largo de su ya larga historia. Refiriéndose al primero de ellos, Rosell escribe: "Siempre hay alguien que recuerda que el el primer premio Nadal lo ganó una desconocida Carmen Laforet, que se impuso a González Ruano, a quien se le había garantizado el premio." Y añade: "Es emotivo, incluso tiene elementos épicos la historia de una joven desconocida que se alza con un galardón literario al que aspiraban los nombres -todos masculinos- consagrados de las letras de entonces, pero ¿por qué no poner el acento en González Ruano? (...) En otra

Pìanos mecánicos

De Los organillos , de Henri-François Rey, publicada a principios de los años sesenta, recordaba más su versión cinematográfica, titulada Los pianos mecánicos como el original francés, que la propia novela. Yo estaba en Cadaqués el verano en que se rodó la película, y tuve la ocasión de ver de cerca a dos de sus intérpretes más conocidos: James Mason y Hardy Krüger. La protagonista femenina era Melina Mercouri, pero a ella no tuve la suerte de verla. El filme lo dirigió Juan Antonio Bardem y, aunnque no es una de sus mejores películas, sí es una de sus producciones internacionales de más éxito comercial. A Henri-François Rey, que pasaba largas temporadas en Cadaqués (Caldeya en la ficción), también lo  tenía visto por el bar Marítim o el café Melitón (título, por cierto, de su última novela). En su momento la novela fue un éxito de ventas y de crítica (llegó a finalista del Goncourt y ganó el Interallié).Leída al cabo de los años puedo asegurar que no solo se sostiene muy bien