Ir al contenido principal

Pesquisas del abogado Stevens


Gambito de caballo (Knight's Gambit, 1949) es una colección de cinco relatos cortos y uno largo o novela corta (que da nombre al volumen) de naturaleza policiaca. Todos ellos están protagonizados por Gavin Stevens, licenciado en Filosofía por Harvard y Heidelberg, abogado y fiscal del distrito, que aquí ejerce labores detectivescas. Al comienzo del relato "Monje", el narrador, que en la mayoría de relatos es Charles Mallison, el sobrino de Stevens (que aparecía también en la novela precedente Intruso en el polvo), dice: "Porque es solo en la literatura donde las anécdotas paradójicas y a menudo mutuamente excluyentes de un alma humana pueden yuxtaponerse y amalgamarse, por medio del arte, en un todo de verosimilitud y plausibilidad."
Pero precisamente verosimilitud y plausibilidad faltan en varios de estos relatos de Gambito de caballo, sobre todo en el primero, "Humo", cuyo desenlace, a la manera de Poe o Conan Doyle, resulta a todas luces forzado y poco creíble. Personalmente prefiero de todos ellos el titulado "Mañana", en el que un trágico suceso del pasado repercute al cabo de los años en un juicio por asesinato sin aparente conexión con el primero. Jack Fentry, el personaje central, representa a "los humildes e invencibles de la tierra, para resistir y resistir y otra vez resistir, mañana y mañana y mañana".
En "Un error de química", tal vez uno de los más flojos y confusos, el desvelamiento del criminal tiene que ver con la manera cómo se hace en el Sur (y en particular en la familia Stevens) la bebida a base de whisky llamada cold toddy: "Primero se echa el agua en el vaso, con un ademán que es casi un ritual, y se disuelve en ella el azúcar. Por último se echa el whisky." Pero nunca se echa el azúcar en el whisky puro, y esto es lo que hace el asesino.  

Comentarios

Entradas populares

Antillón

  Con el placer de costumbre leo en Lecturas y pasiones (Xordica, 2021), la más reciente recopilación de artículos de José Luis Melero, una referencia al geógrafo e historiador Isidoro de Antillón y Marzo, nacido y muerto en la localidad turolense de Santa Eulalia del Campo (1778-1814). Antillón fue un ilustrado en toda regla, liberal en lo político, que difundió sus ideas, entre ellas el antiesclavismo, a través de diversas publicaciones. Sus obras más relevantes son las de carácter geográfico, entre las que destaca Elementos de la geografía astronómica, natural y política de España y Portugal (1808). En esta obra se muestra crítico con otros geógrafos españoles (caso de Tomás López) y con los extranjeros que escribían sobre España (a excepción del naturalista Guillermo Bowles). Gracias a Jovellanos Antillón llegó a ser elegido diputado por Aragón en las Cortes de Cádiz. A su amigo y protector le dedicó Noticias históricas de D. Gaspar Melchor de Jovellanos , impreso en Palma de Mall

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta

Premio Nadal 1944

El jurado del primer Premio "Eugenio Nadal" (Café Suizo, Barcelona, 6 de enero de 1945). De izquierda a derecha: Juan Ramón Masoliver, Josep Vergés, Rafael Vázquez Zamora, Joan Teixidor e Ignacio Agustí.  En un artículo titulado "Premios literarios, cartas marcadas", publicado recientemente en un diario digital su autor Daniel Rosell analiza el trasfondo de premios tan prestigiosos como el Nadal y el Planeta a lo largo de su ya larga historia. Refiriéndose al primero de ellos, Rosell escribe: "Siempre hay alguien que recuerda que el el primer premio Nadal lo ganó una desconocida Carmen Laforet, que se impuso a González Ruano, a quien se le había garantizado el premio." Y añade: "Es emotivo, incluso tiene elementos épicos la historia de una joven desconocida que se alza con un galardón literario al que aspiraban los nombres -todos masculinos- consagrados de las letras de entonces, pero ¿por qué no poner el acento en González Ruano? (...) En otra