Ir al contenido principal

Librerías, de nuevo y de viejo.




El otro día entré en la centenaria librería Ojanguren de Oviedo. Están liquidando existencias y cualquier día echan el cierre definitivo. Otra librería que desaparece.
Por dos euros compré La holandesa errante, una recopilación de artículos de Juan Bonilla, libro publicado por Ediciones Nobel en 1998.
Del artículo "Presente continuo" extraigo el siguiente fragmento:
"Los dos meses que tarda un libro en desaparecer de una librería son una tragedia, sí, pero menos luctuosa de lo que podría llegar a ser si desaparecieran las librerías de viejo cementerios de los que a veces sale uno con la convicción de ser Jesucristo pues lleva bajo el brazo algún Lázaro redivivo. Lo que importa en último término es la literatura, el comercio silencioso entre un lector y las palabras que impresas en una página le cuentan algo de lo que no podrá desembarazarse durante el resto de su vida. Lo demás forma parte tan solo de nuestro espectacular presente, que es nada, que ya no tardará en ser anegado por el tiempo nuevo, que, probablemente, no habrá de ser muy distinto del hoy cansado en que nos agotamos." 

Comentarios

  1. Doncs si Jordi, es una llàstima, aquí la llibreria ONA esta a punt de tancar i el carrer Petrixol , una de tota la vida tancada, es com els cines que ja no en quedan, en fa pensar que ens fem grans i anem perden els records de les coses de quant érem petits, petons,

    ResponderEliminar
  2. Unes llibreries tanquen i altres botigues obren. Tot va passant, i nosaltres amb elles.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Código de señales

Inmersos como estamos estos días en un clima espeso y desagrable de enfrentamientos, confrontaciones y choques de trenes, sería deseable que las partes en conficto aceptaran unas mínimas normas de conducta a fin de evitar daños innecesarios al resto de ciudadanos. Podrían atenerse, por ejemplo, al antiguo Reglamento de señales de la Red Nacional de los Ferrocarriles Españoles, publicado en 1949 en 1948 y que constituye un modelo de claridad y precisión.  Según dicho reglamento, lo primero y principal (Capítulo Primero, "Generalidades") consiste en que: Todos los agentes, cualquiera que sea su categoría, deben obediencia absoluta e inmediata a las señales.    Lo segundo, también de obligado cumplimiento, es la "marcha a la vista": La "marcha a la vista" impone al Maquinista la obligación de ir observando la vía con la máxima atención y de regular la velocidad del manera que pueda detenerlo ante cualquier obstáculo o señal de alto . Entre las señales más imp

Casa de postas

  El día 1 de enero de 1868 los hermanos Goncourt escriben en su Diario :  ¡Vamos, un nuevo año... Todavía una casa de postas, según la expresión de Byron, donde los destinos cambian de caballos! Y a esta casa de postas hemos llegado físicamente agotados, anímicamente hartos, con las mascarillas puestas y el distanciamiento obligado. Sin podernos saludar o abrazar como es debido y con todas las dudas del mundo acerca de lo que nos deparará el futuro más inmediato. Por desgracia, no estamos todos. Faltan viajeros. Porque a lo largo del camino nos han dejado seres queridos, familiares, amigos, a los que siempre echaremos de menos. A ellos nuestro recuerdo emocionado.    Aún así, aquí estamos. A la espera de que lleguen los caballos de refresco. Dispuestos a emprender un nuevo trayecto e impacientes por abandonar este año infausto que ahora termina. Eso sí, aferrados con firmeza a una vaga esperanza y deseando, con más fuerza que nunca, que el nuevo año sea mucho mejor y más saludable.