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Las flores rojas de la muerte


Oyó el tropel. Llegaron corriendo. Pero en esta ocasión no se escudó en la mujer. La empujó hacia un lado y él se adornó con flores rojas... Las flores rojas de la muerte, disparando a una velocidad vertiginosa. Y al mismo tiempo se encogía, cambiaba de lado hasta que dejó caer las armas chicas y empuñó aquellas  viejas y celosas pistolas, con las cuales continuó haciendo fuego. Fuego que era correspondido en tanto rebotaban, trastabillaban y caían...

(Ramiro Dexter, Dólares o plomo, Editorial Bruguera, 1964).

Comentarios

  1. ¡Qué tensión! Me encanta el nombre del autor: Ramiro, confiere mucho empaque a su -a todas luces-falso apellido.

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  2. Curiosamente el protagonista de la novela se llama también Dexter. Junio Dexter.

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  3. ¡Uy, que lectura tan old school! Coincido con Amaltea en que el nombre del autor es de lo más... sorprendente? es como si dijéramos: Jacinto Willis jejeje

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  4. Tiene su punto irónico y excéntrico, cierto.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).