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Puntos de vista


En un ensayo incluido en Men of Letters (1927) Philip Guedalla divide la obra de Henry James en tres grandes "reinados": James I, James II y el Viejo Pretendiente. Los más fanáticos jacobitas sienten una predilección especial, casi morbosa, por el viejo pretendiente al trono, que correponde a su etapa creativa terminal, es decir la de sus novelas más largas y complejas, tales como Las alas de la paloma (1902), Los embajadores (1903) y La copa dorada (1904). Es aquí donde los expertos jamesianos hincan con más voracidad y delectación sus afilados dientes críticos, siguiendo el principio según el cual cuanto más alambicada y ambigua sea la obra, mejor para sus intereses académicos y eruditos. Un ejemplo: Ian Watt publicó un artículo entero tratando de desentrañar el primer párrafo de Los embajadores (reimpreso en James's The Amabassadors, ed. S.P. Rosenblaum, 1964).
Una cosa es cierta: Henry James es uno de los grandes técnicos en narrativa de ficción. Se podría hacer un curso completo de escritura creativa con el solo apoyo de sus narraciones y novelas. De hecho, uno de los manuales clásicos sobre técnicas de la escritura, The Craft of Fiction (1921) de Percy Lubbock, se basa en las técnicas desplegadas por el autor de Los europeos. El mismo James se preocupó de teorizar sobre las mismas en los prefacios a sus novelas, reunidos póstumamente en El arte de la novela (1934).
James es conocido por su maestría en el empleo de los "puntos de vista" narrativos, en especial por el llamado "punto de vista limitado", en el que el narrador cuenta la historia en tercera persona, pero dentro de los confines de su experiencia. A este innominado "personaje" le llama James el "foco" o el "centro de consciencia". También muestra su pericia, sobre todo en cuentos y nouvelles, con el denominado narrador "falible" o poco fiable, cuya opinión o relato de los hechos no siempre se corresponde con las opiniones implícitas y normas manifestadas por el autor. ¿Lo que cuenta es lo que realmente sucede? ¿Hasta qué punto nos podemos fiar del narrador? ¿El narrador y el autor son lo mismo? No es de extrañar que Henry James continúe siendo materia de análisis literario.

Comentarios

  1. Claro, es su gran cualidad. Muy pocos escritores son capaces de contraponer dos voces que obligan a los lectores a revisar el propio punto de vista, y aún así, tampoco se cierra el relato. Esta es una manera -un poco retorcida- de evitar que nuestra mente vaya por las senda previsible y segura.
    Saludos

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  2. Esta gran cualidad es la que salva muchas de sus novelas que, sin ella, no serían gran cosa.

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OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

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FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).