Ir al contenido principal

Un poema de Ciardi

John Ciardi (1916-1986)


BUENAS NOCHES

Una ostra que se fue a dormir hace X millones de años,
arropándose dentro de un fondo de arena, bostezó (por así decirlo),
y despertó a una milla de altitud en el Gran Cañón del Colorado.

Si no estoy aquí para el desayuno, hagan geología cuando ustedes quieran.

(John Ciardi, The Complete Poems, 1997. Traducción: J.O.)

Comentarios

  1. Magnífico Jorge, muchas gracias de nuevo.
    ¿Vendrás a Sevilla alguna vez?.

    ResponderEliminar
  2. De momento no tengo pensado ir, pero a Sevilla siempre desea uno volver.

    ResponderEliminar
  3. Bueno, no soy acérrima a Sevilla. Nací en un pueblo de la Sierra Norte de Sevilla. Y aunque tiene su encanto y monumentos muy hermosos, no es la única.
    Si yo viviera en Nueva York, te diría ¿Vendrás alguna vez a N.Y.?:) jaja...

    En fin, hay que tener cuidado que muchos sevillanos sevillanos se me echan encima.

    ResponderEliminar
  4. Sí, cada cual tiene su propia visión y opinión de la ciudad donde vive, y no tiene por qué coincidir cobn la de los demás.

    ResponderEliminar
  5. Por supuesto que no, en la variedad está el gusto. Afortunadamente.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).