Ladridos de armas

  


     Bajó la cabeza y saltó hacia adelante, al mismo tiempo que desenfundaba su "Colt" con gesto inverosímil.  Ladraron las armas. El plomo zumbó por encima de él, que no cesaba de dar tumbos por el suelo. De súbito, trazó un arco completo con su cuerpo y quedó tendido, apoyado sobre los codos , empuñando los revólveres y accionando los gatillos.
     En la cara de Hank se pintaron la irritación y la sorpresa. Alargó los brazos y su cuerpo perdió algo de su tensión. Las armas cayeron y rebotaron en el suelo. Los ojos de Porter se apagaron. Era un hombre corpulento... con el pecho destrozado. Olía a sangre, temblaba y se estremecía. Su rabia ante el fracaso le transformaba en una fiera revolviéndose en la agonía. Cayó de rodillas, se sentó sobre los talones de las botas, se tambaleó y se precipitó hacia atrás, quedando inverosímilmente doblado.

(Ricky Dickinson, La senda del adiós. Exclusivas Ferma, 1961)
 
     

Comentarios

(2)
  1. Con un título así, la rabia de Porter debía aullar hasta la muerte.

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  2. Hay mucha rabia contenida en la novela...

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