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Hombres de placer

Philip Dormer Stanhope, 4º Lord Chesterfield (1694-1773)

Una vida ininterrumpida de placeres es tan insípida como despreciable. Algunas horas dedicadas todos los días a los asuntos graves excitan el ánimo  y los sentidos a disfrutar mejor de las destinadas al recreo. Un glotón ahitado, un  ebrio extenuado y un libertino enervado por los excesos, jamás gozan de los placeres a los que se dedican; no son más que otros tantos sacrificios humanos hechos a falsas deidades. Los goces de una vida ordinaria son todos erróneos, meramente sensuales y de naturaleza ingrata; mientras los de las personas cultas, los de las sociedades escogidas, aunque pueden no ser siempre del todo morales, son más finos, más delicados, menos peligrosos, menos ingratos y menos perjudiciales en el curso común de las cosas. En una palabra, el placer no debe ni puede ser ocupación de un hombrer sensato y de crédito distinguido, sino que puede ser y es su solaz, su recompensa.

(Lord Chesterfield, Cartas a su hijo. Traducción de A. García Camba. Ediciones Atlas, 1943) 

Comentarios

  1. Pues nada, todos los vicios a la papelera:)

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  2. Me temo que el hijo de Lord Chesterfield no siguió los consejos del padre.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).