Ir al contenido principal

Trabajar la palabra como si fuera una piedra

Gottfried Benn (1886-1956)


En el principio era la palabra y no el parloteo, y al final no será la propaganda sino de nuevo la palabra.

Escribir, no importa si en verso o en prosa, significa trabajar la palabra como si fuera una piedra, una piedra desnuda ¡sí, un oficio despiadado! El arte no es para "entender", el arte se divide conforme a su impronta y propaga sus semillas, y esta es su ley. Pero continúo a repetir siempre y donde sea: esto solo es válido con respecto al sitio, al momento y al fenotipo; es decir, solo por la frase que se está escribiendo. No más respuestas, no más teorías generales. El hombre existencial renuncia al factor respuesta, practica la autocepillada.

Si se escribiese solamente aquello que quince años después sería oportuno haber escrito, es probable que no se escribiese absolutamente nada.

Un escritor no existe más allá de sus libros. Solamente las frases tienen valor, y esta también es la exacta formulación que de ellas ha sido dada.

Tener las ideas confusas y no saber escribir no es surrealismo.

(Gottfried Benn, Aforismos. La palabra es el falo del espíritu, Universidad Autónoma de Puebla, México. Trad. José Manuel Recillas)

Comentarios

  1. Esta entrada reafirma lo que dijo Goethe sobre la literatura -más o menos-: que tuviera interés y fuera apetecible sin importar en dónde ni el tiempo en el que se escribió.
    En fin, que sí, que escribir es un oficio duro, solo apto para quienes están dispuesto a despellejarse sin aspirar a otra cosa que no sea buscar en la escritura el sustento vital, y quizás provocar con la palabra escrita que otros disfruten, aprendan y exploren en cualquier tiempo y lugar.

    ResponderEliminar
  2. Pues sí, esta parece ser la idea que late detrás de estos aforismos.

    ResponderEliminar
  3. Qué título más bonito, y después nada más que se escribe de flores, primaveras y detalles de este estilo... con lo dura que es una piedra:)

    ResponderEliminar
  4. No estaría mal escribir un ensayo con el título de "El escritor como picapedrero", o algo así.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Un poema de Raine

    DE MUJER A AMANTE Soy fuego encalmado en agua, una ola que se eleva del abismo. En mis venas la marea atraída por la luna se alza en un árbol de flores esparcidas en espuma de mar.  Soy aire atrapado en una red, el pájaro profético que canta en un cielo reflejado. Soy un sueño antes de la nada, soy una corona de estrellas, soy la forma de morir.   (Kathleen Raine,  Collected Poems 1935-1980 , Allen & Unwin, 1981. Traducción: J.O.)  (Nota: Este blog, como viene siendo habitual en verano, se toma un descanso de aproximadamente un mes. Que pasen un buen y saludable verano.)  

Un milagro de san Salvador de Horta

"Dos casados vizcaínos traxeron desde aquel reino a Horta una hija, que era sorda y muda de nacimiento; y poniéndola a los pies del venerable Fray Salvador, les dixo que estuviesen ocho días en la Iglesia orando a Nuestra Señora, y que después hablaría la muchacha. Pasados quatro días habló, pero en lengua catalana, conformándose con el idioma del territorio en que estaba. Entonces viendo hablar a la muda gritaron todos: Milagro , milagro . Pero sus padres como no entendían aquella lengua estaban descontentos, y levantando la voz decían que ellos no querían, ni pedían, que hablase su hija lengua catalana, sino vizcaína; y fueron a Fray Salvador, que le quitase la lengua catalana y le diese la vizcaína. Él les respondió: Vosotros proseguid la oración de los ocho días, que yo también continuaré la mía . Y cumplidos los ocho días, delante de los muchos que concurrieron a ver la novedad, dixo: Amigo, la Virgen Santísima quiere que la niña hable catalán mientras esté en el reino de Cat

Como un río de corriente oscura y crecida

  Era un panorama extraño. En Barcelona, la habitual multitud nocturna paseaba Rambla abajo entre controles de policía regularmente repartidos, y la habitual bomba que explotaba en algún edificio inacabado (a causa de la huelga de los obreros de la construcción) parecía arrojar desde las calles laterales perqueñas riadas de gente nerviosa a la Rambla. Los carteristas, apaches, sospechosos vendedores ambulantes y relucientes mujeres que normalmente pueden verse en las callejuelas se infiltraban entre las buenas familias burguesas, las brigadas de obreros de rostro endurecido, las tropillas de estudiantes y jóvenes que deambulaban por la ciudad. La multitud se desparramaba lentamente por la Rambla, como un río de corriente oscura y crecida. Apareció un ejército de detectives, de bolsillos abultados, apostados en cada café, vagueando por la Rambla y enganchando, de un modo vengativamente suspicaz, a algunos transeúntes elegidos por alguna singular razón, hasta el punto de que incluso esta