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Chusca enfermedad


Don Felipe de Cardona, almirante de Aragón, fue muy donairoso y chancero, paseábase en el Prado de Madrid, a tiempo que pasaba cierto médico con su reverenda mula de gualdrapa, también de buen  humor. Llamóle con gran prisa, llegó al estribo, y le dijo: Quiero consultar con vuestra merced, señor doctor, una enfermedad que padezco, y me tiene sumamemte cuidadoso; es a saber, que como con gusto, y apetencia; pero todos los manjares, sean perdices, capones, cuajados, platos dulces u otros culesquiera, se convierten al obrarlos en una fastidiosa hediondez, que mortifica a los que están cerca; esto precisamente es enfermedad grave, ¿qué remedio me aplicará vuestra merced? Respondió, sin embarazarse: Cierto, señor excelentísimo, que me hace admiración, que habiendo en esta Corte tan grandes físicos, no hayan reparado un accidente que cualquier herrador bastaba a curarle: Vuestra Excelencia, por consejo mío (y verá cuán bien se hallas), coma desde hoy paja y cebada, y estercolará como los jumentos, cuyo excremento es más limpio, y con esto, y una gran cortesía, espoleó la mula. El almitante a gritos le detenía: Venga acá, amigo, que quiero que lo seamos.

(Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel, Deleite de la discreción y fácil escuela de la agudeza, Madrid, 1742)

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Entradas populares

Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).