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Chusca enfermedad


Don Felipe de Cardona, almirante de Aragón, fue muy donairoso y chancero, paseábase en el Prado de Madrid, a tiempo que pasaba cierto médico con su reverenda mula de gualdrapa, también de buen  humor. Llamóle con gran prisa, llegó al estribo, y le dijo: Quiero consultar con vuestra merced, señor doctor, una enfermedad que padezco, y me tiene sumamemte cuidadoso; es a saber, que como con gusto, y apetencia; pero todos los manjares, sean perdices, capones, cuajados, platos dulces u otros culesquiera, se convierten al obrarlos en una fastidiosa hediondez, que mortifica a los que están cerca; esto precisamente es enfermedad grave, ¿qué remedio me aplicará vuestra merced? Respondió, sin embarazarse: Cierto, señor excelentísimo, que me hace admiración, que habiendo en esta Corte tan grandes físicos, no hayan reparado un accidente que cualquier herrador bastaba a curarle: Vuestra Excelencia, por consejo mío (y verá cuán bien se hallas), coma desde hoy paja y cebada, y estercolará como los jumentos, cuyo excremento es más limpio, y con esto, y una gran cortesía, espoleó la mula. El almitante a gritos le detenía: Venga acá, amigo, que quiero que lo seamos.

(Bernardino Fernández de Velasco y Pimentel, Deleite de la discreción y fácil escuela de la agudeza, Madrid, 1742)

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