Ir al contenido principal

G. L. Hipkiss


Leí por primera vez Las travesuras de Guillermo, de Richmal Crompton, en un ejemplar de la Editorial Molino que había en casa. La traducción era de Guillermo López Hipkiss y los dibujos de Thomas Henry. Solo mucho después supe que el traductor de este libro fue también uno de los autores más  populares de novelas policiacas y de aventuras de los años cuarenta y cincuenta.
Guillermo López Hipkiss nació en Novellana (Asturias) en 1902. Se estrenó como traductor antes de la guerra y como autor después de ella hasta su fallecimiento en Barcelona en 1957. Bajo el nombre de G. L. Hipkiss -a diferencia de otros escritores de novela de quiosco no tuvo que cambiarse el nombre para parecer extranjero, cosa muy corriente en la época- publicó en distintos sellos editoriales numerosos títulos protagonizados por el detective Perry Baxton, el periodista Bob Lester o el inspector británico Edward Cronwell, entre otros.
Pero su más conocida creación literaria es sin duda la del multimillonario Milton Drake, "El Encapuchado". Desde 1946 hasta 1953 salieron en Ediciones Clíper, con gran éxito de público, 80 entregas protagonizadas por el citado justiciero de Baltimore. Como dice Salvador Vázquez de Parga, en La novela popular en España (2000): "Por obra y gracia de Guillermo López Hipkiss, Baltimore, una especie de Nueva York provinciana, se pobló de gángsters, de policías y de enmascarados que se perseguían unos a otros, los policías a los enmascarados, estos a los gángsters y los gángsters, un poco olvidados por la policía, a las opulentas presas de la alta sociedad del lugar a la que casualmente pertenecían los enmascarados. Y todo, enmascarados incluidos, resulaba perfectamemte creíble en ese mundo de fantasía que había ideado Guillermo López Hipkiss, porque lo había hecho con sencillez y con elegancia, utilizando elementos folletinerscos pero huyendo del lenguaje de los folletines".

Comentarios

  1. La pantalla no dejaba ver la perla. Yo también tenía toda la colección de Guillermo, con sus preciosas ilustraciones, aún queda algún ejemplar en la casa de mis padres. No tenía ni idea de López Hipkiss y ahora quiero saber de él. Gracias, Jorge.

    ResponderEliminar
  2. Gracias por compartir lecturas.

    ResponderEliminar
  3. Jordi no deixes de sorprendem... jo també vaig viure a la mateixa casa i veig que m'he perdut moltes coses interessants.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares

Número diabólico (y no es el 666)

He aquí el número diabólico: 142.857. Consiste en lo siguiente: multiplicado por 2 y por 3 las mismas cifras se producen en los dos productos. Veamos:

                                                            x 2 = 285.714
                                                            x 3 = 428.571

Multiplicado por 4, 5, 6 se obtendrán siempre las mismas cifras y siempre en el mismo orden. Sólo cambia la cifra de partida. Existe una excepción multiplicado por 7. Veamos:

                                        x 7 = 999.999 (seis veces la cifra nueve).

Este número diabólico multiplicado por 8, nos da siete cifras en lugar de seis. Total: 1.142.856, es decir que, sumando la primera y la última cifra de este producto, obtendremos aún las seis cifras del número diabólico. Continuando las multiplicaciones por 9, 10, 11, 12 y 13 y sumando la primera y la última cifra del producto, viene de nuevo a nuestros ojos el número diabólico. Llegado a 14 (dos veces siete) se obtiene: 1.999.998, es de…

Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…