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Fin de imperio (en menos de 170 palabras)


Ulpiano Checa, "Entrada de los bárbaros en Roma"

A Honorio sucedió Valentiniano III, de menor edad, por lo cual gobernó su madre Placidia. Las enemistades entre el conde Bonifacio, gobernador de África, y el general Aecio, ocasionaron el llamamiento de los vándalos a aquella provincia romana. La invasión de los hunnos, al mando de Atila, conmovió al Imperio y a los Estados bárbaros constituidos. Velentiniano, que por intrigas había hecho matar a Aecio, lo fue a su vez por Máximo. Este quiso casar con Eudoxia, que llamó a los vándalos de África, y Roma fue saqueada por segunda vez. Máximo fue asesinado por los ciudadanos de Roma. Sucedióle Avito, por influencia del rey wisigodo de España Teodorico, pero fue depuesto por el suevo Ricimero, que puso en el trono a Mayoriano, cuyo carácter entero disgustó a su protector y le hizo asesinar. Siguieron después varios reinados sin importancia, hasta que el pannonio Orestes puso en el trono a su hijo Rómulo, llamado Augústulo, que fue arrojado de él por el hérulo Odoacro en el 476.

(Blas Valero y Castell, Compendio de Historia Universal, Tarragona, 1918)

Comentarios

  1. No se puede decir mejor en dos palabras.

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  2. Interesante. Si esta historia se puede contar así (que no me sé ni la mitad de ella), una vida se cuenta en una frase.

    Gracias Jorge por traer tan curiosas entradas.

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  3. Desde luego capacidad de síntesis no se le puede negar al autor.
    Saludos.

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FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
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(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).