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Metales-prodigio


Con el Escorpión Azul, prototipo de avión, o mejor dicho, de nave sideral, habían quedado plenamente resueltos la mayoría de los problemas que la ciencia, desde el siglo XX, tenía planteados (...) La era atómica había llegado a ser, por precisión, la era de los metales-prodigio, y del titanio y el kentanium se había pasado al zirconio, descubierto a fines del siglo XVIII, pero cuya utilidad no se había llegado a ver hasta mediado el siglo XX. El zirconio, con su capacidad para soportar las terribles temperaturas que necesariamente se deberían desarrollar en las cámaras de combustión de las aeronaves siderales que hubiesen de vencer la gravedad de la Tierra, había sido la primera conquista, ya que el metal, en una aleación con el bórax llegaba a resistir temperaturas de hasta 6.000 grados centígrados. pero se había llegado más lejos al lograr el zirconio-G, capaz de resistir temperaturas de 10.000 grados centígrados y con ello, el combustible hidrazina, de alto poder energético, pero insuficiente para lograr arrancar navíos de gran peso de la gravedad de la Tierra, había podido ser sustituido por la energía atómica.

(Alf. Regaldie, Piratas del espacio, Editorial Valenciana, 1956) 

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).