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Las horas felices


He visitado, en la Biblioteca de Asturias "Ramón Pérez de Ayala", la exposición Víctor Botas. Veinte años depués. José Havel, comisario de la misma, ha conseguido una excelente muestra representativa de lo que fue la vida y la obra del poeta ovetense.
A Víctor Botas (1945-1994) le conocí a principios de los años ochenta del siglo pasado. Los dos compartíamos admiración por Jorge Luis Borges. Además, se daba la curiosa coincidencia de que Víctor y yo nacimos un 24 de agosto, al igual que Borges. A veces  nos cruzábamos en la calle Conde de Toreno, por la mañana, cuando íbamos a nuestros respectivos trabajos. La primera que vez que nos vimos, en 1982, me regaló un ejemplar de Oliver, primer cuaderno de ejercicios, que acababa de sacar la tertulia a la que asistía y que que se reunía los viernes por la tarde en la cafetería Oliver de la Avenida de Galicia.
Ahora lo tengo a la vista. Son dieciséis hojas sin mumerar, tamaño cuartilla, con poemas y textos diversos mecanografiados. De Botas hay un poema, "Teseo", y un fragmento de su novela entonces inédita Mis turbaciones. Y hay otros nombres: José Luis García Martín, Enrique Bueres, Eduardo Errasti, Carlos González Espina, Esther Segovia, Felicísimo Blanco, Antonio García, Manuel Eguren... En la primera página, a modo de declaración de intenciones se dice: "La literatura es un mero pretexto para discutir, reir, y pasar un rato juntos (...) Cualquier cosa sirve para jugar, sin pretensiones, con las palabras. Al azar ofrecemos una brcve muestra del resultado de nuestro juego. No se trata -obviamente- de páginas que pretenden pasar a la inmortalidad. Queremos sólo dejar mínima constancia de unas horas que fueron felices..."

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Un poema de Pizarnik

OJOS PRIMITIVOS

     En donde el miedo no cuenta cuentos y poemas, no forma figuras de terror y de gloria.

     Vacío gris es mi nombre, mi pronombre.

     Conozco la gama de los miedos y ese comenzar a cantar despacito en el desfiladero que reconduce hacia mi desconocida que soy, mi emigrante de sí.

     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).

Nadie acaba como empieza

Harold J. Stone: Recuerda que las personas cambian.
Don Murray: ¿Por qué?
Harold J. Stone: Los hombres, las mujeres, los juegos de cartas, los amigos en quien confías... Todos. Nadie acaba como empieza.

(Duelo en el barro, 1959, de Richard Fleischer. Guion de Alfred Hayes y A. B. Guthrie).

Un poema de Iglesias Díez

FINAL

Cuando el amor solo sea
un haz de quebradas luces,
entre tus dedos seguiré siendo
ceniza de Luna.

(Carlos Iglesias Díez, Pájaro herido. Bajamar Editores, 2018).