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De cementerios


El pasado fin de semana estuve repasando un libro cuya lectura era muy apropiada para las fechas dedicadas a honrar a los difuntos. Se trata de Tratado de cementerios (Tipografía Mariana, Lérida, 1887), del que es autor D. Rafael Leante y García, arcediano de la catedral de Jaca. Este raro impreso contiene todo tipo de materias relacionadas con los camposantos, entre ellas: construcciones de los mismos, higiene, bendición, nichos y panteones, llaves, atribuciones de los ayuntamientos, carros fúnebres, inhumación, exhumación y traslación de cadáveres, derecho canónico y civil, etc... Además de otras instrucciones a los curas párrocos sobre legados piadosos, cuarta funeral, y formularios para la redacción de partidas. Esta compendiosa obra debiera figurar entre lo más destacado de muestra literatura funeraria, a la cabeza de la cual deberíamos situar a D. Celestino Barallat, autor muy querido por Joan Perucho (véase entrada en este blog del 4/4/2011).
Desde mi punto de vista lo más interesante del tratado de Leante son los apartados dedicados a la privación de sepultura eclesiástica en determinados casos: judíos, paganos y catecúmenos; apóstatas de la fe; nominalmente entredichos; excomulgados vitandos; suicidas; duelistas; torneadores (condición esta que aprovecha Leante para arremeter contra las corridas de toros, "borrón de la cultura de nuestra patria", si bien no debe negarse cristiana sepultura al torero que, saliendo herido en la lidia, tiene tiempo de arrepentirse y recibir la absolución); religiosos que mueren con peculio; ladrones y salteadores de caminos; raptores de iglesias; pecadores públicos; concubinarios; mujeres públicamente prostituidas; etcétera. Capítulo especial merecen los usureros públicos, para quienes tiene el autor duras palabras: "¡Quiera Dios que en estos tiempos no cause funestos efectos el antagonismo, cada vez más creciente, entre pobres y usureros!". Hay cosas que no cambian.

Comentarios

  1. Qué lejos queda esa clasificación fúnebre y tratado de urbanidad y orden del camposanto. La evolución de los ritos mortuorios ha despojado de recriminaciones sociales al difunto y sus actividades premortem. Algo hemos ganado.
    Un abrazo

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  2. Es verdad, este texto es hoy en día pura arqueología; pero es capital para entender los ritos de la muerte en nuestra sociedad en un pasado no tan lejano.

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     Escribo contra el miedo. Contra el viento con garras que se aloja en mi respiración.

     Y cuando por la mañana temes encontrarte muerta (y que no haya más imágenes): el silencio de la comprensión, el silencio del mero estar, en esto se van los años, en esto se fue la bella alegría animal.

(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).