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García Márquez


Cubierta de El coronel no tiene quien le escriba (1968), 
primera edición en la Colección Índice de Editorial Sudamericama.  


He dejado pasar unos días antes de hablar del recientemente fallecido Gabriel García Márquez. Todavía resuenan los ecos de las muchas loas. Las ha habido desbordadas, excesivas; y tampoco han faltado  afirmaciones rácanas, casi mezquinas. Por mi parte me uno al coro de los que consideran que García Márquez es uno de de los grandes escritores en lengua española del siglo pasado. Claro está que no todas sus obras alcanzan el nivel de excelencia, y que sus últimas obras son más bien decepcionantes (nos tenía mal acostumbrados). Pero un escritor tiene derecho a ser juzgado por sus mejores obras, y en este sentido novelas como Cien años de soledad, El coronel no tiene quien le escriba o El otoño del patriarca (por cierto, qué bien titulaba García Márquez) quedarán como cumbres de la narrativa hispanoamericana.
Leerlo por primera vez, a finales de los sesenta, fue para mi un deslumbramiento, y solo me cabe el agradecerle como lector el que me haya descubierto nuevos caminos de la literatura. Como los clásicos. 

Comentarios

  1. Sí, su valía está a la altura de los títulos de sus obras, tan magníficos.
    Lo leí en los setenta, y también me quedo con las primeras obras. Dejo pasar el fragor de tanto parloteo y humo de incienso, con ese ruido no me he atrevido a releerlo. Espero hacerlo pronto, empezaré con La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada.

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  2. Seguro que aganta la relectura.

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  3. Entonces, ya es un clásico. Creo que lo fue antes de morir.

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  4. A este estatus llegan muy pocos.

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(Alejandra Pizarnik, Nombres y figuras, Picazo, Barcelona, 1969).