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Monardes



El médico y botánico sevillano Nicolás Monardes dio a conocer, con su obra  Historia medicinal de las cosas que traen de nuestras Indias Occidentales que sirven en Medicina (1565-1574), las virtudes terapéuticas de las entonces poco conocidas producciones naturales del Nuevo Mundo. La obra pronto fue traducida al latín, inglés, francés e italiano.
Aunque la mayor parte del libro está dedicada a los vegetales, no olvida Monardes los usos prácticos de algunos especímenes minerales. Así, además de reiterar su creencia en las maravillosas virtudes del hierro, habla de las piedras preciosas, a las que atribuye la cualidad de combatir los venenos, "en especial el jacinto y las perlas, y mucho más la esmeralda, de la cual tomada nueve granos, resisten todo veneno...".
Luego analiza el ámbar (que no cree sea simiente de ballena) y el sulphur ("materia principal de aquella diabólica invención de la pólvora"), del que dice sana la sarna y "tomándolo con un huevo, quita la cólica y el pasmo". Menciona también la extraordinaria "piedra para la ijada" que, como su nombre indica, cura los dolores de ijada y, si el enfermo tiene cálculos, arroja tal cantidad que se quita la joya para suspender esta prolongada operación. Otra piedra extraña es la "pìedra para la madre" que, según Carlos Pereyra en Monardes y el exotismo médico en el siglo XVI (1936), podría tratarse del quetzalchalchihuitl que se encontraba en la Nueva España. Esta piedra negra, lisa, y pesada, se ponía en el vientre, donde quedaba fija, como si allí la pegaran. En cuanto sentían las señoras los ahogos de la pasión, ponían la piedra, y llevándola a la continua, nunca más les venía.    

Comentarios

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Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

(W. H. Auden, El prolífico y el devorador. Traducción de Horacio Vázquez…

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De Anaïs Nin a Nicolás Guillén, con un interludio musical.

En los diarios tempranos de Anaïs Nin, escritos en los años veinte, el apellido Madriguera aparece en varias ocasiones. Paquita y Enric Madriguera eran dos hermanos catalanes, músicos precoces y amigos del compositor hispanocubano Joaquín Nin Castellanos, padre de Anaïs y de Joaquín Nin-Culmell, compositor como su padre. Ambos se alojaron en varias ocasiones en casa de Anaïs. Paquita fue una reconocida pianista, que más tarde se casaría con el guitarrista Andrés Segovia. Enric era violinista y tras empezar una prometedora carrera como intérprete clásico, al llegar Estados Unidos se pasó a la música moderna con gran éxito. Al frente de su banda se hizo famoso como compositor de canciones y bailables de ritmos latinoamericanos, compitiendo en este ámbito con su compatriota Xavier Cugat. El figuerense había empezado su carrera profesional en La Habana, donde se había criado y formado también como violinista.
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