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Como en TV



De súbito, se oyó un tremendo rugido. Keefe giró en redondo. Ya tenía en la mano una navaja automática, cuya hoja, de quince centímetros, buscó venenosamente el bajo vientre de Blunt.
Pero el objetivo ya no estaba en el sitio donde Keefe esperaba alcanzarlo. Blunt había saltado hacia su derecha y, antes de que el hampón pudiera recobrarse, le arréo un tremendo puntapié en el costado izquierdo, haciéndole rodar por el suelo.
Keefe gruñó. El arma se escapó de sus manos. Blunt se inclinó, la plegó y se la guardó en un bolsillo. Keefe se sentaba en aquel instante y lo dejó sin sentido de un puntapié en la mandíbula.
  -Parece que esté viendo una película en la televisión- comentó Phyllis.

(Clark Carrados, El muerto estorba, Ediciones B, Colección Punto Rojo, 1994)

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