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Riquer


Hace algunos años compré, en una librería anticuaria, una carpeta con recortes de artículos de Martín de Riquer en la prensa de los años cuarenta del pasado siglo. Había un par de artículos de Destino, uno sobre "La primera entrada de Carlos VII en España" (al que acompañó su bisabuelo don Martín de Riquer y de Comelles) y otro de 22 de julio de 1939, en el que evocaba el primer aniversario de la batalla de Villalba, en la que había participado formando parte del Tercio de Requetés de Nuestra Señora de Montserrat.
Los artículos más numerosos, sin embargo, habían sido publicados en el diario La Solidaridad Nacional de Barcelona, y pertenecían a una sección semanal titulada "Floresta de autores graves". En el primer artículo (de 24 de septiembre de 1946) señala que su proposito es "el de comentar, acotar o simplemnte dar noticia de los autores graves que vayan apareciendo; es decir: de las obras de carácter histórico, artístico o de crítica literaria, tanto si se trata de eruditas investigaciones personales como de trabajos escritos con miras divulgadoras".
Martí de Riquer i Morera, conde de Casa Dávalos, descanse en paz el autor grave. 

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Escribir o no escribir

Por lo tanto, escribir que se querría escribir, ya es escribir. Escribir que no se puede escribir, también es escribir. Una manera como cualquier otra de llevar a cabo el vuelco que da pie a tantos propósitos audaces: hacer de lo periférico el centro, de lo accesorio lo esencial y de la arenilla la piedra angular. Sabía por lo tanto lo que tenía que hacer: dar una especie de golpe de mano mediante el cual había que conseguir otorgar una existencia ficticia a unos libros que no existen realmente y, gracias a ello, conferir una existencia real al libro que trata de esos libros ficticios. Un proceder en suma que se asemeja al que conduce al cogito cartesiano: en el momento preciso de dar fe de mi ineptitud para la escritura me descubría a mí mismo escritor, y de la ausencia de mis obras fallidas se nutriría éste. Hermoso ejemplo de esa estrategia del quien-pierde-gana, de esa proeza dialéctica que convierte una acumulación de fracasos en un camino hacia el éxito. ¡No será que no nos han…

Políticos mejores y peores

P. ¿Queres decir que toda política es un juego sucio y que se la debería dejar en manos de los sinvergüenzas? ¿Te unes a la banda de los que dicen que el mundo sólo de salvará por un cambio del corazón? ¿Es eso?

R. No. Sólo digo que hoy los políticos dependen del apoyo de las masas, y que en consecuencia son representativos del hombre medio de su país y de su tiempo, a veces un poco mejores, a veces algo peores. Si fueran mucho mejores o mucho peores, no tendrían éxito, porque jamás serían aceptados por las masas (...) Esto significa que si estás muy por encima de la media en comprensión y sensibilidad, es probable que no seas capaz de hacer mucho políticamente, en el sentido estricto de la palabra, porque no tardarás en verte obligado a hacer cosas en las que realmente no crees, lo que significa que en la práctica fallarás, pues es imposible hacer bien algo si no se cree totalmente en lo que se está haciendo...

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Luciérnagas en la noche

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(Adam Surray, El caso del cadáver secuestrado. Editorial Bruguera, 1982).